Opinión

La tristeza de Pau

Dice Pau que regresará este sábado a España muy triste porque, como de costumbre, observará con melancolía cómo se le va de los ojos el espíritu emprendedor de los mexicanos que visitó esta semana; y llegará a su tierra natal a atestiguar la esclerosis con la que los jóvenes españoles se manifiestan ante su economía. Él lo resume así: los mexicanos son emprendedores y efervescentes, pero no tienen capital.

A su vez, los españoles sí tienen recursos y acceso a un sistema formal, pero no tienen espíritu emprendedor. Vaya paradoja.

Pau García-Milá está en México como cada año, para contar y recontar su historia de emprendimiento, esa por la que a sus 27 años es sumamente famoso en el MIT y en España; por haber creado un sistema informático donde los datos se guardan para que los usuarios de la información tengan acceso a ellos desde otras partes del mundo a través de muchos dispositivos. Es decir, Pau inventó con sus amigos, a los diecisiete años, en las afueras de Cataluña, los primeros usos y configuraciones de lo que hoy conocemos como “la nube”.

¿Qué puede sanar la tristeza de Pau? No lo sé. En México únicamente se invierte 0.43 por ciento del Producto Interno Bruto en Investigación y Desarrollo (I+D), mientras que en Reino Unido esa cifra alcanza 1.70 por ciento, en Estados Unidos 2.70 y en Israel 4.10 por ciento. O sea, estamos muy lejos de tener una cifra de país desarrollado.

Pau dice que la falta de innovación está en la mente de la gente, que se la pasa diciendo que no se puede, e invita a mirar la historia de Rovio, la empresa europea que inventó el popular juego informático Angry Birds, y que tuvo más de cincuenta fracasos antes de atinar con este juego y lograr su éxito global. También cita innumerables ocasiones en que su entorno familiar, de amigos, y conocidos, le conminaban a no emprender su sistema “eyeOS”, bajo la premisa de que sus pretensiones jóvenes sólo podían realizarse en Silicon Valley. Él, obstinado, rechazó las negativas, y emprendió en Barcelona una empresa que luego le fue comprada por Telefónica y que, como él dice, le ha dejado feliz —es decir, millonario.

No hay solución fácil a la carencia de imaginación innovadora del empresariado mexicano. ¿Otro ejemplo? El sábado pasado daba yo una conferencia en una ciudad del sureste y algún empresario se mofó de mi hipótesis de que falta crear un sistema que permita iterar innovaciones en el país. Dijo que el problema de México era que “quienes nos gobiernan no tienen materia gris en el cerebro”. Repito: se trataba de un empresario. Acaloradamente le aplaudieron en la audiencia. ¿Quiénes? Los que están acostumbrados a estirar la mano por subsidios, subvenciones y protección. Son un montón.

Twitter: @SOYCarlosMota