Opinión

La trata, como asunto de risa senatorial

   
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Casa de citas. (Cuartoscuro)

Como si estuviera todo el mundo contento con los senadores, tres de ellos se dieron el lujo la semana pasada de bromear a micrófono abierto sobre la tragedia de la trata de personas. No pasaba ni siquiera el tiempo suficiente para quitarse la vergüenza de haber votado, sin cuestionamiento alguno, por unanimidad dos nombramientos presidenciales, cuando los senadores perredistas Luis Sánchez Jiménez, Fernando Mayans y Luis Humberto Fernández se pusieron a chacotear sin darse cuenta de que el micrófono estaba abierto y que eran escuchados.

¿Qué dijo esta terna de distinguidos legisladores? El asunto ya es conocido, pero no por eso menos grave. Al enterarse de que se iba a abordar el tema de la trata, uno de ellos preguntó si lo iban a tratar desde el punto de vista del usuario, soltaron unas risitas y abundaron que como clientes también tenían derechos, pero que no eran víctimas.
Graciosísimos. Se ve que se la pasan bomba los senadores. Por lo menos esos tres.

Se puede entender que el trabajo legislativo les parezca aburrido, que no tengan otra cosa que hacer que hurgarse la nariz con un lápiz, jugar solitario o hacer chistes de mal gusto. Pero ¿no pueden mantener la boca callada cuando se presentan temas que tienen que ver con el dolor, el abuso, el resultado de la miseria y la ignorancia? ¿Tienen que decir sus estupideces con cualquier tema?

Es muy revelador lo sucedido con estos senadores. Nos habla de un ambiente interno, de una forma de convivencia entre ellos. Lo que sucede a micrófono cerrado en el espacio senatorial debe ser pavoroso.
Si así se expresan de la trata –de la que son clientes confesos– ¿qué dirán de asuntos que apenas conocen? A lo mejor aprovechan ese tiempo para alburearse y ver algo de porno cibernético.

Este desagradable y condenable episodio puede ser tomado como la manera en que ven los problemas determinados legisladores, la risa que les causa la desgracia ajena, lo simpático que encuentran el negocio de la prostitución, la gracia que les incita el que adolescentes y adultas sean sometidas contra su voluntad y obligadas a prostituirse, lo agradecidos que están ellos tres con los proxenetas.

En estos días han circulado cualquier cantidad de opiniones sobre lo tarde que llegan las sanciones de los partidos a sus militantes. Esta parece una oportunidad de oro para el PRD. Su líder es una mujer que debe sentir y mostrar especial indignación por los comentarios de sus compañeros. Alejandra Barrales es senadora con licencia, así que doble interés debe tener en el tema. No me corresponde proponer sanciones, es un asunto de ese partido, pero creo que en la ejemplaridad de esa medida se podrán diferenciar de los otros partidos.

Me parece que el Senado también debe exigir una disculpa pública a esos tres integrantes y también disculparse como parte del Poder Legislativo por la conducta de estos señores.

Vergüenza pública es uno de los ingredientes que ha hecho mucha falta en nuestra vida pública. Este puede ser un buen momento para empezar.



Twitter: @JuanIZavala

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