Opinión

La traición del delfín que salvó al premier


 
“Alfano traiciona”. Con este encabezado, el diario Il Giornale, que forma parte del imperio mediático de Silvio Berlusconi, resumió ayer el sentir del inefable patriarca de la derecha italiana, que ahora sí, dicen en la bota mediterránea, se aproxima al fin de su larga e influyente carrera política.
 
 
Sin embargo, al más puro estilo de las maniobras por el poder descritas por Maquiavelo, Angelino Alfano, viceprimer ministro y titular del Interior en la frágil coalición de Enrico Letta, sólo decidió ––para sus seguidores, que se incrementarán en estos días–– brindar a Italia la oportunidad de buscar la estabilidad política que desde 1945 ha sido el talón de aquiles de un país fuerte y desarrollado, pero que se olvidó de crecer en el último decenio, precisamente mientras Il Cavaliere se entregaba a sus excesos.
 
 
Nacido en Agrigento, Sicilia, hace 42 años, Alfano no parecía ser el hombre que se atrevería a romper con Berlusconi, quien incluso lo destapó en 2011 como su delfín; entonces ministro de Justicia, Alfano lanzó una “gran reforma” del anquilosado sistema legal, calificada de “guillotina” por los opositores, que prescribió la agilización de los procesos y el mandato a los magistrados de responder por veredictos erróneos, aunque en el fondo buscaba exonerar a su patrón de los juicios por fraude fiscal, corrupción y prostitución que ahora pueden despojarlo de su escaño en el Senado.
 
 
Secretario
 
 
Nombrado secretario nacional del Pueblo de la Libertad (PDL), el abogado Alfano, que en 1994 se incorporó a las filas de Forza Italia, siempre dócil con Berlusconi, apareció como aspirante a la jefatura del gobierno en febrero por la alianza que Berlusconi tejió con la ultraderecha separatista de la Liga Norte, apunta Reuters. Cuando se hizo evidente que saldría derrotado y la impunidad mermaría, Berlusconi asumió la candidatura y estuvo cerca de vencer al abanderado democrático, Pier Luigi Bersani, provocando el estancamiento que derivó en la coalición moderada de Letta. Incorporado al gabinete como premio de consolación, Alfano fue llamado “perdedor exitoso” por su rival partidista, Nicola Cosentino.
 
 
Ayer, Ansa reportaba que por la noche se reunieron los disidentes del PDL en el Parlamento para discutir la creación de fracciones que serían el germen de un nuevo partido al margen de Berlusconi. “El grupo será independiente”, enfatizó el senador Roberto Formigoni. No obstante, Renato Schifani, coordinador de la bancada en la Cámara alta, insistió en que rechaza la posibilidad de una “diáspora”, y es que muchos legisladores deben carrera y fortuna a Berlusconi, veterano que a sus 77 años aún no juega su última carta. Pero Alfano, quien prefirió guardar silencio, sabe que el camino del cambio generacional está a su alcance.