Opinión

La tragedia en Egipto

   
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Claudia Ruiz Massieu. (ilustración)

El repentino viaje de la canciller Ruiz Massieu a El Cairo, en compañía de familiares de las víctimas, es una señal para el gobierno egipcio de que el malestar y la preocupación en México son profundos por lo ocurrido en el oasis de Baharia.

Se trató de una excursión de más de una docena de turistas mexicanos que acabó en tragedia cuando la aviación de Egipto los confundió con terroristas que operan en esa zona.

Dentro de la congoja por ese terrible accidente, reconforta saber que los familiares de las víctimas no están solos, pues cuentan con el apoyo personal de la canciller y la disposición del gobierno mexicano de poner todos los medios a su alcance para ayudar en lo que sea necesario.

Claudia Ruiz Massieu, acompañada de los familiares de las víctimas, llegó a Egipto en medio de una profunda crisis política del gobierno de ese país, y con el peligro de no tener interlocutores confiables.

De todas maneras vale la pena ese riesgo: las autoridades deben estar al servicio de los ciudadanos mexicanos, donde se encuentren.

Ojalá que esta reacción expedita sirva para reforzar el presupuesto de la red consular de México en Estados Unidos.

Ahí también muchos paisanos de bien son maltratados o hasta asesinados por autoridades y civiles de ese país, mientras nuestros funcionarios cuentan con escasos recursos para atenderlos.

Lo ocurrido en Egipto fue un accidente, sin comillas ni dudas. En esa zona opera el Ejército Islámico que mantiene una guerra contra el gobierno egipcio, lo mismo que contra otras naciones del cercano oriente.

La tesis de la confusión es perfectamente creíble, aunque se trate de una salvajada. Amplios territorios de esa región del mundo son áreas de salvajismo desatado.

El gobierno de Egipto presenta a los oasis de Baharia y Farafra como sitios ideales para el turismo. Engañaron a los excursionistas mexicanos y a los de cualquier lugar del mundo que crean a su propaganda.

Sin embargo, hay que ser cautelosos con los juicios, porque aquí en México hemos pecado de lo mismo. Se vende Acapulco como un paraíso de tranquilidad, cuando hace apenas algunos años turistas españolas fueron violadas y asesinadas en el puerto guerrerense.

Lo anterior no quita que el viaje de la canciller con los familiares de los excursionistas, por las razones expuestas por el vocero Eduardo Sánchez, sea válido e indispensable.

Hay confusión en cuanto a las responsabilidades de la tragedia que es preciso deslindar en el lugar de los hechos, y no dejar a los deudos, hermanos e hijos de las víctimas, la penosa tarea de buscar a sus familiares o de recibir una explicación a medias sin derecho a réplica.

Es de esperar que esta reacción oportuna, sensible y práctica, sea un acicate para el servicio exterior mexicano a la hora de defender los derechos nuestros connacionales. Claudia Ruiz Massieu puso el ejemplo.

Twitter: @PabloHiriart

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