Opinión

La terrible historia
de la Narvarte

1
   

   

Rubén Espinosa. (Eladio Ortiz)

Les voy a contar una historia. Quizá de arranque les suene conocida. Sin embargo, les pido paciencia. Sigan el relato, creo que vale la pena.

Con apenas un año en la corporación, un joven policía es acusado por el delito de tortura luego de un operativo en Tepito, por lo que fue dado de baja del organismo más numeroso del país. En diciembre de 2011 es procesado, en octubre de 2012 es sentenciado a cuatro años y ocho meses de prisión, pero en diciembre de ese año, ni a la cuarta parte de su condena, se le da el beneficio de la preliberación.

El año pasado, el ahora expolicía conoció en el antro Life de la colonia Condesa a una chica, a quien el 31 de julio quiso robarle cocaína, droga que la mujer habría recogido en el aeropuerto capitalino. Para cometer el atraco, según la propia declaración del expolicía, se hizo acompañar de dos cómplices, uno de ellos supuestamente perteneciente a Los Zetas. Ocurrió que el día del robo la mujer no estaba sola. Otras cuatros personas, entre ellas una activista y un fotógrafo de prensa, estaban también en el departamento de la colonia Narvarte donde se supone que estaba “el perico”, es decir la cocaína.

El robo terminó en un quíntuple homicidio. En su huida los presuntos homicidas fueron detenidos en Tlalpan por policías capitalinos, que “mordida” de por medio los dejaron ir. Y durante las cuatro semanas posteriores al crimen el expolicía tuvo la cara dura de ir a firmar al reclusorio su libertad condicional. En una de esas ocasiones, finalmente lo detuvieron.

Hoy, al cumplirse cuarenta días de los hechos hay al menos un cómplice, el que se supone que trabaja para Los Zetas, prófugo. (Esta apretada reconstrucción de hechos se beneficia de las notas de Mario Torres de Televisa, Yáscara López de Reforma y Carlos Jiménez de La Razón).

Este cuento verdadero es una tragedia a la que hay que agregar dos ingredientes, por si hicieran falta: el dueño del antro donde el expolicía
–según su propia declaración ministerial— conoció a la que sería su víctima fue, a su vez, ejecutado afuera de su negocio un mes antes de los hechos de la Narvarte. Y dos: la semana pasada fue decomisada una tonelada de cocaína en el aeropuerto capitalino.

Insisto. Esta historia ustedes no la habían escuchado así. Es terrible la muerte del fotoperiodista Rubén Espinosa y de la activista Nadia Vera, asesinados en ese departamento de la Narvarte. Ellos fueron también víctimas del clima de acoso a la prensa y a activistas de derechos humanos que caracteriza la administración de Javier Duarte en Veracruz.

Pero si por un momento dejamos de lado los apellidos Espinosa-Vera, y vemos los hechos incluso sin nombres, como lo redacté arriba, tenemos un ejemplo, un caso emblemático del rompecabezas de barbarie que ocurre todos los días a nuestro alrededor defeño:

Policías que se vuelven criminales, cárteles de la droga operando en la ciudad de México (leer a David Saúl Vela en EL FINANCIERO (http://bit.ly/1KAdoVI), policías que aceptan sobornos, nuestro “cucho” aeropuerto que es al mismo tiempo un efectivo centro de distribución de droga, antros donde operan narcomenudistas… y unos capitalinos que toleran declaraciones de un jefe de Gobierno que insiste en que en el DF no operan los señores del narcotráfico.

Lo de la Narvarte es terrible. Es toda una historia. Con o sin Rubén y Nadia.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
Es hora de volver a Iguala
EPN y Ayotzinapa: La voluntad por no saber
Yo también tendría miedo