Opinión

La tentación de gastar

He estado notando últimamente que hay mucha oposición dentro de Japón a la política del Banco de Japón de imprimir más dinero, y también hay mucha presión en el lado del gobierno para elevar los impuestos. Y eso no es muy distinto a lo que ha estado pasando en el resto del mundo desarrollado: los bancos centrales que han aplicado relajación cuantitativa lo han hecho pese a la presión política, no gracias a ella, y casi por todos lados se ha impuesto austeridad fiscal.

Lo curioso es que cuando se piden justificativos para aplicar una política de dinero difícil y presupuestos ajustados en una economía deprimida con baja inflación, las respuestas que se obtienen a menudo parten del supuesto de que la impresión monetaria y el financiamiento deficitario son inmensamente tentadores para los políticos, así que no deberíamos atrevernos a dejar que prueben aunque sea poquito de estas drogas adictivas.

Esto a menudo se dice con un tono de gran sabiduría, y es presentado como una lección que nos enseña la historia.

Ahora, tal como lo señaló recientemente en su blog Simon Wren Lewis, un economista de Harvard (bit.ly/1tELNIX), y tal como lo he señalado antes, la historia de hecho no nos enseña esto. El estímulo fiscal en Estados Unidos, lejos de volverse permanente, siempre se ha desvanecido rápido, efectivamente demasiado rápido, y la retracción monetaria ha tendido a llegar muy pronto. Incluso cuando las cosas sí se nos escaparon en la década de 1970, no fue para nada la historia que a los conservadores les gusta decir ahora; una historia donde los bancos centrales imprimieron dinero para cubrir gasto deficitario. De hecho, los déficit no eran grandes y la inflación despegó debido a choques petroleros y desaciertos macroeconómicos, no por la tentación populista.

Twitter: @NYTimeskrugman