Opinión

La tarea de ajustar las expectativas


 
Una tarea que ocupa cada vez más al actual gobierno es ajustar las expectativas a las realidades.
En el propio gobierno (pero no sólo allí) empieza a verse como un problema el hecho de que durante los primeros meses de la actual administración se generaron expectativas que no están coincidiendo con la realidad.
Y no digo que el gobierno las haya creado, más bien quienes las generaron fueron medios internacionales y una parte de la comunidad empresarial. Pero a la actual administración no le incomodaba en absoluto aparecer en las primeras planas de múltiples publicaciones en el mundo, hablando del 'Mexican Moment'.
Luego de las primeras reformas aprobadas en diciembre, como la educativa; de la propuesta de reforma en telecomunicaciones y de la aprehensión de Elba Esther Gordillo, hubo la idea de que la administración de Enrique Peña iba a hacer realidad las anheladas reformas estructurales.
 
Esta afirmación es cierta. El problema es que algunos derivaban de ella la idea de que la economía iba a ir muy bien aún en el corto plazo.
 
Obviamente no era así. El propio gobierno de Peña ya lo había reconocido cuando estimó un crecimiento de 3.4% para este año frente al 3.9% del año pasado.
 
Y, ahora resulta que el crecimiento no va a ser ni del 3.4 sino del 3.1% o poco menos.
 
Eso dio lugar en algunos sectores a un sentimiento de decepción.
 
Ese hecho se juntó con otros dos elementos. El primero es la lentitud del ejercicio del gasto público, un proceso que ocurre en el arranque de cualquier administración pero más aún cuando hay un cambio de partido en el gobierno federal y una política de gasto más bien conservadora.
 
El otro aspecto es el crecimiento de la volatilidad en los mercados internacionales derivado de la expectativa de que en algún momento del año se apretará la política monetaria de los países desarrollados y se retirará gradualmente la liquidez inyectada.
 
Ambos factores han incidido –como ayer le comentaba- en un clima de incertidumbre que se traduce en volatilidad financiera.
 
Todo este cuadro configura una compleja masa de elementos que han nublado la expectativa.
 
Yo le insisto en lo que aquí le he comentado: ni estamos tan mal, ni íbamos tan bien.
 
Desde el principio de la administración, en diciembre, sabíamos que este año no iba a ser bueno en cuanto a actividad económica.
 
La expectativa generada por el Pacto y las reformas, tienen que ver más bien con el mediano plazo.
 
Y, desde luego, México no es ninguna isla. Si hay trastornos financieros en el mundo, nos van a sacudir.
 
Es, sin duda, positivo que en diversas áreas del gobierno se empiece a hacer el esfuerzo de terminar con la fiesta y trazar un escenario realista.
 
El crecimiento de este año seguirá siendo mejor que el promedio de la última década. Pero la gran apuesta es para los siguientes años o incluso lustros.
 
Clases medias
 
Sin duda, el INEGI está haciendo un extraordinario trabajo en materia estadística en México… pero creo que se metió en camisa de 11 varas al medir a las clases medias en México y concluir que el 42.2% de los hogares pertenecen a ese estrato.
 
Más allá de lo riguroso de la medición de los 17 indicadores, la conceptualización de las clases medias va a tener siempre un ingrediente subjetivo.
 
Con otro criterio y esos mismos indicadores, tal vez se podría llegar a la conclusión de que sólo son el 30% de los hogares o quizás el 60%, los clasemedieros.
 
Quizás hubiera sido mejor emitir los indicadores y dejar que los investigadores definieran hasta dónde llegan las clases medias, en lugar de adoptar una conclusión.
 
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