Opinión

La tapadera

 
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Humberto Moreira

La cultura política mexicana se distinguió por décadas por encubrir y ocultar los excesos, abusos y actos de latrocinio de los poderosos. El ejercicio de la justicia para perseguir y combatir la corrupción, es y ha sido lamentablemente, un ejercicio de voluntad política, regido por los tiempos y los caprichosos destinos de la política. El presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) encarceló a Jorge Díaz Serrano, exdirector de Pemex y senador de la República, porque había “osado” contender en su contra por la silla del águila. No recuerdo otro juicio de desafuero, efectuado y consumado en los últimos 30 años.

El gobernador Arturo Núñez de Tabasco encarceló al exgobernador Granier, porque fue su adversario político, y como tal, boicoteó y dinamitó la campaña, los esfuerzos y trabajos del perredista por llegar al poder. Cuando Núñez ganó, se vengó.

El entonces gobernador Juan Sabines, de Chiapas, encarceló a su antecesor Pablo Salazar porque “se atrevió” a ejercer la política en su estado, y a cuestionar con firmeza los dispendios y excesos en los gastos de Sabines. Delitos y acusaciones infundadas, lo mantuvieron en la cárcel poco más de un año.

La justicia en México es una ilusión que germina impunidad e inmunidad cuando los políticos se sienten inalcanzables. Nadie los va a tocar, después de despacharse con sumas multimillonarias del erario, después de otorgar contratos a constructoras y desarrolladoras que, tarde o temprano, pagarán los favores. Así ha sido por décadas y a pesar del rayado discurso del cambio, no parece transformarse.

El reciente caso de Humberto Moreira enciende las luces de esperanza para millones de mexicanos que observan el ciclo sexenal interminable del abuso y la corrupción. La investigación detonada por el FBI en Texas, busca incautarse de unos 200 millones de dólares que el señor Humberto Moreira tiene depositados en bancos americanos. No es que a los agentes estadounidenses les interese mucho la justicia, y mucho menos la mexicana al perseguir a un corrupto, simplemente hay una cantidad apetecible de por medio que, suponen, puede provenir del narcotráfico.

A pesar de que un senador del PAN solicitó recuperar ese dinero para las arcas de Coahuila, ni las autoridades estatales, en manos de su hermano Rubén, ni las federales bajo el mando del entonces presidente Calderón, procedieron en esa dirección. Nadie lo acusó. Todos voltearon para otro lado cuando se constató la falsificación de documentos del Congreso local para la obtención de un crédito contraído por Moreira –Humberto– contra el erario de Coahuila y las participaciones federales. La tapadera. Todos son cómplices.

Si la tarea la realizan agencias internacionales, policías y jueces de otros países ¡Bienvenidos! Porque es evidente que en México no lo hace nadie.

Varios distinguidos funcionarios en ejercicio o en retiro, debieran dormir muy intranquilos en estas fechas, porque si el FBI se da a la tarea de confiscar fondos y arrestar a otros varios sospechosos de transferencias multimillonarias, estarán en problemas.

El señor Rubén Moreira tendría que retirarse del cargo –en un inusual ejercicio de ética– para que su hermano fuera investigado con total transparencia. Dejar de ser tapadera y de cuidar su propio nombre en la historia. Improbable.

Mucha comisión bronca del Bronco, pero pocos resultados. No hay nada aún en contra del señor cuyo hermano y padre edificaron sólo 12 empresas en Estados Unidos durante el tiempo que fue gobernador: Rodrigo Medina. La esperanza generalizada, es que sea el FBI quien inicie una investigación y ejecute detenciones. Aquí no lo va a tocar nadie. Don Rodrigo se va con la deuda estatal más elevada del país: 62 mil millones de pesos. ¡Nada mal!

Pero la lista es larga, casi interminable. La investigación debiera ser en contra: ¿cuántos exgobernadores o exsecretarios de Estado conoce usted que vuelvan a trabajar después de su encargo? Me temo que la estadística es baja, calculo que no más de 20 por ciento. Todos los demás, aseguran su futuro de por vida, y algunos, por varias generaciones.

Señores del FBI, algunos candidatos para sus investigaciones: Fidel Herrera, hoy cónsul mexicano en Barcelona; Juan Sabines, hoy cónsul mexicano en Miami; José Murat, ya le habían encontrado los departamentos, y luego nada. Ulises Ruiz, otro distinguido oaxaqueño; Arturo Montiel, el que iba a acabar con las ratas, ¡y púmbale!, que se convierte en una. Pero es injusto, porque sólo he mencionado priistas, como si no hubiera de otros partidos: el señor Padrés del PAN en Sonora, buen candidato; el señor Leonel Godoy en Michoacán y su histórica deuda, igual que los demás; el señor Ángel Aguirre de Guerrero al que nadie quiere voltear a ver; el señor Marcelo Ebrard y su equipo, nada despreciables sumas con una obra inservible y encarecida.

No terminaríamos, sólo menciono los de tiempos recientes, pero hay tanto.

Twitter: @LKourchenko

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