Opinión

La Supervía y la hipótesis de Pablo

Extraordinarios los trabajos de investigación periodística que publicó La Razón ayer y anteayer en relación con los abusos, irregularidades y cobros excesivos de la “Supervía”: esa vialidad elevada que el Gobierno del Distrito Federal de Marcelo Ebrard otorgó al consorcio formado por la firma española OHL, así como por las empresas Copri y Atco. Bien hizo Pablo Hiriart —el director de ese diario— en calificar estos sucesos como una estafa. Un timo. Lo son. La Razón mostró lo que muchos de los usuarios de la Supervía intuíamos: que no hay transparencia ni claridad en el cobro cotidiano de esta autopista elevada, y que muchas veces nos están robando dinero.

El problema del cobro excesivo en la Supervía tiene que ver con un concepto conocido como “excedente del consumidor”, que es el dinero máximo que el consumidor típicamente estaría dispuesto a pagar por un bien o servicio, pero que ahorra cuando los oferentes de un mercado entran en competencia y le brindan precios más bajos. La ganancia del consumidor al no pagar tanto es el “excedente”. Pues bien, en este caso estamos ante un proveedor que extrae todo el excedente del consumidor. En otras palabras, lo exprime.

Hay dos fenómenos que explican que cada vez más empresas quieran extraer todo el excedente del consumidor. El primero es que en situaciones de competencia, las firmas ven sus márgenes estrecharse, por lo que buscarán siempre reproducir condiciones monopólicas (tanto como les sea posible) en un pequeño tramo de las transacciones que hacen. El segundo es que la tecnología puede ser manipulada para beneficio del oferente del servicio. En el caso de la Supervía, esto último es muy claro: para el usuario es posible saber, por ejemplo, cuánto saldo tiene la tarjeta al ingresar a ella (una pantalla lo refiere); pero es imposible conocer el saldo al final al abandonarla. En consecuencia el cobro total es un misterio. ¿Se registró o no la salida del usuario que sólo utilizó un pequeño tramo? No hay información clara, aunque la tecnología pudiera brindarla. En la Supervía el oferente del servicio usa la tecnología a su favor para producir transacciones con información asimétrica, lo que facilita los abusos y la estafa documentada por La Razón.

Muchas empresas están entrando en etapas de bajeza en la que extraen todo el excedente del consumidor. Ahí están los bancos; las empresas de televisión restringida; las aseguradoras (que son las peores); las agencias de servicio automotriz; etcétera.

¿Qué podemos hacer? Necesitamos superhéroes. A la estafa de la Supervía le tienen que entrar la señora Lorena Martínez, el Jefe de Gobierno Mancera; el secretario Ruiz Esparza. Si no lo hacen el abuso será ominoso, quirúrgico, permanente. Ya empieza a serlo.

Twitter: @SOYCarlosMota