Opinión

La sombra del pasado en el sistema educativo

Macarena Velázquez López*
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[Cuartoscuro] Platicarán con la familia de Elba Esther Gordillo sobre la ruta legal que seguirán para obtener su libertad. 

Hace un par de semanas tuve la fortuna de asistir a un evento histórico: el proceso de asignación de plazas a maestros de educación básica en el Distrito Federal. Fui testigo de cómo el primer lugar de la lista de prelación, una joven egresada de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, fue la primera en escoger una de las muchas vacantes concursadas en esa convocatoria.

El evento de asignación de plazas fue algo emocionante, ya que pareció ser transparente, en el sentido de que había una decena de observadores de la misma Secretaría de Educación Pública y del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), entre otros. Además, todos los concursantes “idóneos” podían observar en su computadora -en tiempo real- un mapa con iconos que señalaban la ubicación de las escuelas con vacantes y al dar clic a éste, se desplegaba una etiqueta con toda la información de la escuela. Para mejorar este sistema, valdría la pena que le incluyeran una foto de la escuela (para ver las condiciones físicas de la misma) y que, desde la convocatoria, fuera público cuáles eran las vacantes a concursar, ya que hasta el momento de la asignación de plazas los concursantes tuvieron conocimiento cierto de cuáles eran las plazas disponibles.

No obstante, salí de ese evento emocionada y pensando que finalmente los “maestros de verdad”, aquellos con vocación y conocimientos, serían los que de manera paulatina irían llenando los salones de clase de las escuelas públicas de México, que por fin se había terminado el sistema de prebendas y asignación arbitraria de plazas. Creo que canté victoria antes de tiempo…

En los días posteriores a los procesos de asignación de plazas, como el que observé en el DF, empezamos a recibir reportes de irregularidades desde distintos lugares del país, como Sinaloa, Tlaxcala, Estado de México, Puebla y Nayarit, entre otros. Los concursantes a maestros o a plazas de dirección y supervisión nos relataron situaciones relativas a falta de transparencia y justicia en los procesos de asignación de plazas; no se respetaron las listas de prelación y/o no se concursaron la totalidad de las plazas vacantes. Estos relatos son tristes y desmotivantes, como si la mismísima Elba Esther nos dijera: “creyeron que iba a ser tan fácil”.

En realidad, no va a ser fácil cambiar en un par de años décadas de corrupción y de acumulación de poder e intereses. Sin embargo, es preciso y necesario ver los avances que hemos tenido. Ya estamos hablando otro lenguaje: en el centro está el derecho a aprender de las y los niños y la educación de calidad que merecen; existen concursos y maestros que saben que deben ser reconocidos por sus méritos y por su vocación de servicio y no por cuestiones ajenas al aula; se hace sumamente difícil asignarle una plaza a un maestro que en el concurso no obtuvo resultado “idóneo”, aunque sea amigo del sindicato; hoy tenemos maestros aguerridos que están presentando quejas ante las secretarías de Educación en virtud de que los concursos no fueron transparentes, que reclaman al INEE evaluaciones más integrales, que exigen a la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente cursos pertinentes de capacitación.

Además, en la medida en que las y los jóvenes que quieren ser maestros y los maestros que ya están en el aula sigan concursando y luchando institucionalmente para que se les asigne una plaza y se les promueva y reconozca por sus méritos, y en que nosotras como madres, padres de familia, ciudadanos y ciudadanas comprometidas les apoyemos y exijamos que sean esas maestras y maestros con vocación y preparación quienes estén frente a grupo enseñándoles a nuestras hijas e hijos, y que sean las que reciban las promociones, entonces el cambio será un poco menos difícil.

* Investigadora de Estudios Jurídicos en Mexicanos Primero.

Twitter: @MacaVelazquez

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