Opinión

La sociedad al frente en el ataque contra la corrupción

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

Corrupción, maldita corrupción que ataca las entrañas de nuestra sociedad y que muestra su inmundo rostro particularmente en el sector público, quien debiera ser el ejemplo a seguir y la mano dura que impusiera honestidad entre sus gobernados ¿Bonito sueño, verdad?

Porque lo cierto es que la ciudadanía contempla con azoro e impotencia los actos de corrupción de los funcionarios que actúan dentro del sector público, actos que quedan “protegidos“ por un manto de impunidad, sí de la maldita impunidad, causa principal de la corrupción que padecemos.

A fuerza de ser sinceros, reconozcamos que la corrupción es una enfermedad que está presente no sólo en el sector público, sino en toda la sociedad mexicana. En esta materia México ocupa el lugar ciento tres entre ciento setenta y cinco países, según el índice de percepción de la corrupción que maneja Transparencia Internacional. Hace no muchos años, ocupábamos el lugar cincuenta. Sí, más de cincuenta escaños perdidos, lo que demuestra que tal debacle amerita, sin duda, una obligada reflexión. La corrupción no es exclusiva del sector público, pero éste es quien debiera poner la muestra de honestidad, para así poder exigir a la sociedad mexicana un comportamiento similar y sancionar con todo el peso de la ley a quien incurra en esta clase de actos sin que importe el sector del cual provenga.

Justo es reconocer que la ciudadanía no se ha quedado con los brazos cruzados y ha impulsado el Sistema Nacional Anticorrupción, que es un modelo de coordinación que consta de siete leyes dirigido a prevenir, detectar y sancionar los actos de corrupción y en donde, entre otras cosas, aparece la ya famosa Ley 3 de 3 que obliga a los funcionarios públicos a hacer del conocimiento de la sociedad su declaración de impuestos, de bienes personales y de intereses. Un modelo de coordinación dirigido a prevenir, detectar y sancionar los actos de corrupción. Las tres declaraciones no son sino una entre varias herramientas para el cumplimiento de esos propósitos.

Los señores congresistas han tratado de tomar revancha de esta exigencia de la sociedad, pero preveo, al momento de escribir este artículo, que no harán sino el ridículo en esta acción en contra de sus representados. Y si no, al tiempo.

Con relación a la participación ciudadana, es digno de mencionar la aparición de un hecho inédito: la presentación de seiscientas treinta mil firmas de ciudadanos apoyando las iniciativas contra la corrupción.

Una larga discusión se efectuó dentro del Congreso, previo a la aprobación de la siete leyes que integran el mencionado Sistema Nacional Anticorrupción. ¿De quienes provino la mayor reserva? No es difícil imaginarlo: ante todo del PRI y su comparsa el PVEM, quienes apoyaban una versión “light” de estas leyes; así como, para nuestra sorpresa, también por parte de algunos desalineados congresistas del PAN y del PRD, cuyos representantes decidieron ausentarse al momento de la votación de las leyes correspondientes. Ya se hicieron del dominio público los nombres de estos supuestos representantes de la ciudadanía.

Estamos frente a un triunfo ciudadano, un significativo triunfo ciudadano que traza ruta y da ejemplo de lo que juntos podemos hacer. Tomemos nota y hagamos fuerza. Esta debe ser la primera de muchas otras actividades ciudadanas orientadas a que nuestros “representantes” funcionarios y gobernantes hagan caso a esta nueva sociedad mexicana dispuesta a promover y defender lo que va en su legítimo beneficio.

La corrupción es ahora el tema que nos ocupa, pero hay otros, muchos otros, que en su momento deberíamos poner sobre la mesa de discusión para lograr que la fuerza ciudadana, bien organizada, conquiste espacios indispensables para disfrutar del buen gobierno, buen gobierno que con inusitada frecuencia ha sido el gran ausente en la toma de decisiones trascendentales para la buena marcha del país.


Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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