Opinión

La soberbia de Marcelo

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Marcelo Ebrard en la Cámara de Diputados. (Cuartoscuro)

Alguien debería explicarle a Ebrard que la soberbia es mala consejera, pues lo que hizo en el Congreso al presentarse a comparecer sin que nadie lo llamara no tiene otro nombre que soberbia. Por supuesto que le deben dar derecho de audiencia, pero no cuando él quiera y como él quiera. Se le pasó la mano en eso de querer fijarle los tiempos al Congreso, cuando es el primer responsable de lo investigado. Y lo que se investiga no es un asunto menor: la inutilidad de una obra que costó 44 mil millones de pesos a los capitalinos.

¿Y Julián Olivas?
Durante la presentación del presidente Enrique Peña Nieto de las acciones para corregir la percepción sobre las acciones del gobierno contra la corrupción, se conoció la decisión de nombrar a Virgilio Andrade como nuevo secretario de la Función Pública. Lo curioso es que no hubo una sola mención de Julián Olivas, encargado de despacho durante dos años en la SFP. “¿Pues qué hizo?”, preguntó alguien. “Seguramente nada”, respondió alguien más.

Se le descompone el Poli a Chuayffet
Si creían que la crisis del IPN había pasado luego de que les concedieran todo a los huelguistas, se equivocaron. Ahora tomaron la dirección general del Instituto y le pusieron sellos de “clausurado” para amedrentar a su titular Enrique Fernández. Lo que quieren los estudiantes es que se despida a la mayoría de los directores de carreras que fueron designados de manera provisional. Los quieren nombrar ellos, y si no, ya saben el caminito: presionar con salir a las calles con la seguridad de que es el método más rápido y seguro para que el gobierno doble las manos. Este Poli se parece cada vez más a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, creada por AMLO. ¿Y el secretario Chuayffet? Bien, gracias.

Castigo a Cordero, ¿venganza?
Huele a pleito personal el castigo que el CEN del PAN le quiere imponer a Ernesto Cordero por no haber asistido a la sesión inaugural de la Cámara de Senadores. Resulta que a la sesión asistieron poco más de la mitad de los senadores panistas, lo mismo que en diputados, y sólo van a castigar a un faltista. El pecado de Cordero, según se ve, no es que haya dejado de ir a su trabajo, sino haberse dejado retratar muy quitado de la pena en el Súper Tazón mientras el país vive un momento de recortes presupuestales y penurias económicas. Mal timing de Cordero, y visceral la reacción de Madero.

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