Opinión

¿La soberanía radica en la CNTE?

10 febrero 2014 4:55 Última actualización 28 agosto 2013 17:8

 
Carlos Javier González
 
El debate sobre el concepto de soberanía inició entre los siglos XV y XVI en la Europa post feudal en los momentos en que los estados nacionales buscaban desligarse de las limitaciones que a su poder imponían el imperio, los señores feudales y el papado.
 
Es así que al recuperar los reyes el dominio sobre sus territorios y su población, nace el concepto de soberanía en que se identifican dos elementos fundamentales de dicho concepto: la independencia hacia el exterior y la supremacía hacia el interior.Esto se traduce en el hecho de que un país soberano no puede ser sometido por ninguna potencia extranjera y que, dentro de su territorio, tiene la facultad de imponer su voluntad sin que nadie se le oponga.
 
Es por ello que en un eufemismo filosófico, se estableció en diversos países americanos, que la soberanía radica en el pueblo. México retomó este concepto de la constitución de los Estados Unidos y lo plasmo en el texto  que actualmente corresponde al artículo 39 del texto de la Carta Magna y determina que la forma de ejercer dicha soberanía es mediante los poderes de la unión o bien, mediante los de los estados en función de sus competencias.
 
Es por ello que –en teoría- nuestros representantes en los poderes de la república y locales son quienes obedecen el mandato de los ciudadanos quienes les damos nuestro mandato para la toma de decisiones que reflejen la voluntad soberana del pueblo, misma que se expresa en las urnas mediante la elección de autoridades y legisladores. Sin embargo, ha quedado demostrado en los días pasados que esa soberanía no parece regir las acciones de esta legislatura, aquella que se vanagloria del pacto por México y de su capacidad para obtener acuerdos que permitan cambiar las cosas en México, mientras que en la realidad, ellos deciden de manera voluntaria, abyecta y vergonzosa ignorar lo que es mejor para el país con argumentos demagógicos disfrazados de prudencia y apertura a la negociación.
 
¿Es válido negociar con delincuentes que consideran que la vía para presionar a un congreso con una debilidad evidente es la ruptura del orden legal? ¿realmente ejercen los legisladores la soberanía que les confiamos los mexicanos porque así lo define la Constitución? ¿cuántos mexicanos se sienten realmente representados por legisladores que se amedrentan ante la amenaza de una bola de revoltosos que se dicen maestros y que ni siquiera son capaces de expresarse con un correcto uso del lenguaje?
 
Lo que queda claro a la población, pero obviamente no comprenden los legisladores, es que en México las prioridades reales de los mexicanos –como la inaplazable necesidad de mejorar la deplorable educación pública- parecen ser comprendidas por los que nos representan, pero llegado el momento de actuar, se agachan ante la amenaza de un grupo violento que tiene la capacidad de desquiciar al Congreso y a la Ciudad de México.
 
Y dentro de esta vergonzosa conducta y claudicación también se debe enlistar al Gobierno del Distrito Federal, que no ha tenido la voluntad de poner en orden a aquellos que son simpatizantes de la izquierda –radical o moderada- bajo el argumento de que no serán represores y respetarán la libertad de expresión.
 
Pero la realidad es que bajo argumentos falaces, las autoridades han claudicado ante los violentos, con lo que se cierra la posibilidad de hacer cambios profundos en México. En este sentido, parece ser inevitable pensar en una muerte anticipada para la reforma energética y la fiscal, porque aunque México requiera evolucionar, los legisladores han abandonado su función y han decidido que las decisiones soberanas, se tomen en las calles mediante la violencia y el chantaje. Ahora la soberanía, radica en la CNTE con la complicidad de las autoridades. Que vergüenza.

 
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