Opinión

La Selección, la economía y la gestión del equipo

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Copa América

Paralelismos entre la actuación de la Selección Nacional en la Copa América, la evolución reciente de la economía y la gestión de los equipos (el de futbol y el de la administración federal). A continuación los resultados, los equipos y las perspectivas.

Los resultados y las alineaciones. La Copa y el sexenio iniciaron con grandes expectativas; en la primera se jugaba contra el equipo que se suponía el más fácil del grupo (Bolivia), mientras que en el arranque del nuevo gobierno se firmó el Pacto por México, que no sólo era un gran acuerdo político con los tres partidos más importantes después del proceso electoral de 2012, sino que marcaba la ruta para instrumentar cambios profundos y reformas económicas y sociales a corto y mediano plazos.

Decepcionantes tanto el empate del equipo mexicano como el comportamiento de la economía en el primer año de la Administración, cuando el PIB sólo creció 1.4% en comparación con 4% en el año previo. La causas: un equipo inexperto que no había jugado integrado ni el campo ni en el gobierno (hay que recordar los problemas con el ejercicio del gasto público). Los pretextos: el arbitraje y la economía internacional (el PIB de Estados Unidos sólo se incrementó 1.5% en ese año).

El segundo partido contra Chile con todas las desventajas (el local, uno de los favoritos, el Estadio Nacional en Santiago) y bajas expectativas de un buen resultado. Un empate que supo a triunfo, igual que la aprobación de las reformas estructurales durante 2014. La economía mejoró: el PIB aumentó 2.1% en ese año, pese a las sistemáticas revisiones a la baja en las estimaciones; se recuperaron los salarios y el empleo; la inflación se mantuvo bajo control (4.1% a tasa anual); y los mercados financieros permanecieron estables la mayor parte del año.

En el tercer partido, la derrota frente a Ecuador y la eliminación de la Copa con un director técnico y un equipo desarticulado que no supieron ni pudieron descifrar al rival. Mala alineación de jugadores en los que daba la impresión que los habían puesto ahí más para promoverse ante las contrataciones de la próxima temporada (“Tecatito” Corona aún lastimado; Raúl Jiménez; Aquino, etc.) que para pasar a la siguiente ronda. En el ámbito económico, doble recorte presupuestal (en 2015 y 2016), inflexibilidad para revisar el sistema tributario y efectos negativos de la reforma fiscal en la inversión productiva, deterioro de expectativas empresariales y del consumidor, y un PIB que en el mejor de los casos crecerá 2.3%,con lo que el promedio de crecimiento de los tres primeros años de gobierno será de sólo 1.9%; esto es, nulo incremento del PIB per cápita. En ese marco, un entrenador que acaba viendo el partido desde la tribuna (lo expulsaron) con cambios inoperantes y tardíos, pero esperando que la estrategia funcionara; ¿suena familiar?.

Si bien a fines de 2014 y principios de 2015 se deterioró el entorno económico internacional (¡otra vez el árbitro!) con la caída de los precios del petróleo y la desaceleración de la economía de Estados Unidos y la inestabilidad de la eurozona por el factor Grecia, la gestión interna deja mucho que desear: el freno/arranque de la reforma educativa; la deficiente ejecución del gasto público que ahora se buscará corregir con un “presupuesto base cero” que ni los funcionarios ni los agentes económicos saben de qué se trata; el incremento de la corrupción; etc. El problema está en cómo jugamos con un equipo disfuncional.

Las perspectivas. Ahora las esperanzas están puestas en la Copa Oro (y en que las reformas estructurales empiecen a dar resultados palpables para la población), con el mismo director técnico pero, eso sí, con un equipo diametralmente distinto lo cual, sobra decir, no necesariamente garantiza buenos resultados; se requerirán modificaciones en la estrategia de juego. Para el gabinete, mucho se ha hablado y especulado de cambios. La pregunta es si se darán y serán los adecuados para el segundo tiempo.

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