Opinión

La segunda vuelta

 
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Ciudadanos

Hoy, después de celebrado un proceso electoral federal, y como ya es costumbre en nuestra democracia contemporánea, se discute la “necesidad” de efectuar otra reforma electoral.

Un sistema electoral en una democracia, debe ser un instrumento que mediante reglas y procedimientos regule las diferentes etapas de un proceso electoral, es decir, el cómo dotarle herramientas a la democracia: ¿quiénes pueden votar y ser votados, y cómo? ¿Cómo regular las campañas electorales de manera tal que sea posible un voto informado y se eleve la participación ciudadana? ¿cuál es el papel deben jugar los medios de comunicación? ¿qué mecanismos son idóneos para generar equidad en la contienda? ¿Cómo hacer de la “cancha” un piso parejo que garantice el precepto de “una persona, un voto”? ¿qué le corresponde hacer al “árbitro”? ¿qué necesita un candidato o partido político para ganar la elección? ¿con qué vías se cuentan para dirimir conflictos y violaciones a las reglas democráticas?

¿hasta dónde los ciudadanos debemos financiar las campañas electorales, y qué piso y techo debe considerarse? ¿Cuál es el límite de donaciones privadas en dinero y en especie que debe permitirse a las campañas?, entre otras.

Hoy quiero abordar el tema de la necesidad o no de que en México se incorpore la segunda vuelta electoral, también llamado balotaje y si éste puede per sé coadyuvar a resolver problemas de gobernabilidad, de legitimidad y la crisis de representatividad que prevalecen no sólo en nuestro país si no en muchas partes del mundo.

¿Puede per sé la segunda vuelta elevar la calidad de nuestra democracia?

En México, la elección tanto del Congreso General como del titular del Poder Ejecutivo en sus tres niveles (salvo en la renovación de Ayuntamientos en San Luis Potosí por un breve periodo) se han elegido por una mayoría simple; es decir cada elector tiene un voto y quien obtiene el mayor número de votos gana. Este sistema ha sido cuestionado bajo el argumento de la fragmentación del voto que arroja un sistema multipartidista (en la pasada elección federal contendieron 10 partidos políticos y 22 candidatos independientes), y la legitimidad de un representante que llega a obtener el triunfo con un porcentaje de votación que ronda el 20% del electorado “afecta la legitimidad del representante”.

En tal sentido, vale la pena preguntarnos si un candidato electo en una democracia del siglo XXI, caracterizada por la pluralidad y la diversidad demanda una mayoría absoluta y si ésta es suficiente para alcanzar los consensos, los acuerdos, la legitimidad y la gobernabilidad necesaria para ejercer el poder.

La segunda vuelta surge en Francia en el año de 1787. En América Latina se utiliza en todos los países salvo en México, Honduras, Venezuela, Paraguay. Es utilizada además en Francia, Finlandia, Islandia, Portugal y Turquía, y también en países ex comunistas como Checoslovaquia y Rusia. Consiste en un desempate para producir mayorías absolutas, buscando evitar un representante minoritario, ideológicamente radical o extremista así como impopular por una mayoría calificada o absoluta. Su incorporación busca mayor legitimidad de los representantes electos, una gobernabilidad más amplia, facilitar la negociación, los acuerdos y el intercambio entre los partidos políticos. Sin embargo, hoy es necesario preguntarnos si efectivamente las democracias actuales son capaces de evitar un representante extremista y coadyuvar a no polarizar a la sociedad en una elección incorporando una segunda vuelta. Lo dudo.

Sin duda la segunda vuelta castiga a quien tiene más enemigos, sin embargo es analizar ¿A quién beneficia una segunda vuelta? ¿A la oposición, a la sociedad, a elevar la calidad de nuestra democracia?

El elevado costo de las elecciones en México (sin considerar el aumento que conlleva una segunda vuelta), la disminución por un lado de la participación política, y por otro el aumento en el desprestigio de los protagonistas de la democracia (partidos políticos, candidatos e instituciones) nos lleva nuevamente a buscar mejores respuestas: ¿qué fórmula electoral? ¿qué instituciones? ¿cuál sistema de partidos?, ¿qué tipo de comportamiento ciudadano?. Sin duda la segunda vuelta no puede responder a todo lo anterior.

Twitter:@SamuelAguilarS

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