EF RADAR
Opinión

La secta 54D


 
Ayer conocí a Rodrigo Garduño, creador del concepto 54D. Un tipo fenomenal. “Tengo incontinencia verbal”, dice, mientras explica la forma en la que dedicó siete años en la primera etapa de su vida dedicada a los negocios, a crear una de las redes multinivel más poderosas que se han gestado en México a través de la empresa estadounidense Agel.
 
 
Rodrigo tiene dos tatuajes visibles. Uno en el brazo izquierdo con los nombres de sus dos hijas en árabe; y otro con el logotipo de Agel, pero no por lealtad a la marca, que la tuvo, sino porque “fue el vehículo que me permitió cambiar la vida de la gente”. ¿Cuánta? Mucha. Rodrigo recibió literalmente cientos de cartas de personas a las que transformó. Relata un día en que ante un auditorio lleno de estudiantes universitarios, les retó a levantar la mano si sentirían vergüenza de trabajar en una empresa multinivel. Todos lo hicieron. No obstante, les preguntó cómo no sentían vergüenza de haber estudiado 20 años seguidos y terminar ganando 15 mil pesos por estar 10 hrs. al día tras un escritorio.
 
 
Rodrigo es un disruptor admirable. Su sistema 54D tiene ya más de mil egresados. ¿En qué consiste? Es una inmersión total en la energía física y emocional de la persona para bajarla de peso, ponerla en forma y modificarle sus patrones de comportamiento. Se trata de un programa de 54 días con entrenamientos de una hora, sin parar, más un rigurosísimo régimen alimentario, aderezado de tecnología para deshacerse de la grasa corporal.
 
 
El éxito de 54D es tal que ha tenido varias ofertas para comprarle la empresa. Ninguna aceptada. Ahora está en el proceso de abrir un centro más en el Pedregal, al sur del DF, y uno más en el norte de la capital. Otro centro más se prepara para Colombia. “No me mueve el dinero”, aclara, sino “cambiar la vida de la gente”.
 
 
Es una secta. Si alguien no puede con el ejercicio… se le obliga a que pueda. Y puede. Si te quedas a media lagartija, todo el grupo te espera a que la termines. Y así. Y como buena secta tiene sus códigos. No hay venta directa, te tienen que aprobar para entrar. Si vas para probar o porque “está de moda”, no te aceptan. Es una secta que se ha convertido en un gran negocio. Legal. Legítimo. Maravilloso.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota