Opinión

La SCT o cómo redefinir una licitación

La fallida licitación del tren de alta velocidad México-Querétaro y el nuevo proceso que arranca esta semana dejan diversas experiencias, casi todas terribles, acerca de los procesos licitatorios de la obra pública. Se trata de la segunda mayor inversión en el ramo de comunicaciones y transportes de esta administración (tres mil 700 millones de dólares) después del nuevo aeropuerto, a cargo de la dependencia que administrará 17 por ciento de la inversión total prevista en el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, porcentaje que se duplica si se excluye la correspondiente a energía. No sólo hay serias dudas sobre los beneficios económicos y sociales del proyecto de ese tren, por más que se manipulen los análisis costo-beneficio para que salga “rentable”, sino que la cronología y eventos de las diversas etapas de la licitación son ilustrativas.

Las bases se publicaron el 15 de agosto y las ofertas técnicas y económicas se presentaron el 15 de octubre; esto es, sólo 60 días para armar las propuestas para un proyecto de esa envergadura. Ello, desde luego, dio pie a que otros postores distintos al ganador (China Railway con las tres constructoras mexicanas ahora bien conocidas, en particular Higa) manifestaran su inconformidad pública, pero no legal, sobre los tiempos asignados a la presentación de ofertas. Antes del fallo, que se dio el 3 de noviembre, el secretario de Comunicaciones y Transportes manifestó que la propuesta ganadora y única era “sólida, buena, excepcional” y que “generaría grandes ahorros para el gobierno”. Así, el secretario preanunció el sentido del fallo.

El 6 de noviembre del presidente Peña Nieto ordena cancelar el fallo y reponer el proceso, ante las dudas sobre la transparencia y conveniencia para el Estado, de legisladores y de los consorcios que no participaron en la licitación. También fue una situación “atípica”, dado que ni las bases ni las leyes de adquisiciones y obra pública la prevén. El 13 de ese mes, el secretario declara que él “sugirió” cancelar el fallo por los “altos costos” que significaría continuar el proceso. ¿Y los “ahorros” de 15 días antes, dónde quedaron? En esas fechas también los consorcios no participantes manifestaron que el problema no había sido sólo el tiempo para la presentación de propuestas sino la falta de información para integrarlas. El 8 de diciembre el testigo social del proceso confirma (¡más de un mes después del fallo!) que los plazos y la información fueron insuficientes. Ello pone en duda la utilidad de los testigos sociales –que paga la dependencia que lleva a cabo el proceso– para coadyuvar a su transparencia y equidad.

El 22 de diciembre China Railway anuncia que no solicitaría indemnización y que volvería a participar en el nuevo proceso. Al día siguiente en su comparecencia en el Senado, el secretario señala que será difícil que la oferta china tenga rival (¿preanuncia al ganador?) y que las empresas mexicanas que estaban en el consorcio no participarán (las descalifica de antemano), en particular Higa, por “aspectos de opinión pública”. Así que ahora en las licitaciones se incorpora, además de los aspectos técnicos y económicos, un nuevo criterio que habrá que ver cómo y quién lo evalúa.

Al tiempo que las nuevas prebases se publicaron en esta semana, la SCT firmó un acuerdo con la OCDE para fortalecer la transparencia y evitar la corrupción en los procesos de licitación. Como el caso del convenio que esa organización firmó con la CFE, se enfatizan cinco puntos: mejorar la información sobre proveedores; realizar estudios de mercado independientes; perfeccionar las bases de datos de adquisiciones previas; tener mayor comunicación con proveedores; y aplicar las mejores prácticas internacionales. Sin duda esas recomendaciones son bienvenidas, pero se requiere mucho más que eso. Como resulta de la cronología anterior, los problemas no son de diseño sino de instrumentación y eso es lo que hay que modificar; entre otros aspectos, pasar del “sobre cerrado” a la presentación de ofertas abiertas y públicas.

Twitter: @ruizfunes