Opinión

La sangre nos sigue dando miedo en lugar de rabia

   
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Museo Jumex

Desde que el Museo Jumex abrió sus puertas en noviembre de 2013, no había vuelto a estar bajo el escrutinio público y generado tanta controversia como ahora, con la cancelación de la exposición del artista austriaco Hermann Nitsch (1938) por supuestas “presiones externas”.

Nitsch pertenece a un polémico movimiento artístico que surgió en Viena entre los años sesenta y setentas: el Accionismo vienés que a través del performance, la acción y el arte del cuerpo radicalizaban los límites del arte utilizando un lenguaje violento donde predominaba la sangre humana o animal y la evocación de ancestrales rituales de caos y destrucción. Los artistas del Accionismo vienés, Günter Brus, Otto Mühl, Rudolf Schwarzkogler y, por supuesto, Hermann Nitsch, realizaban performances extremos de sadomasoquismo, dolor, incluso automutilación, para buscar la liberación del sujeto de sistemas de creencias y pensamiento opresivos, pues para estos artistas el cuerpo humano no es naturaleza, sino el símbolo de la cultura.

Este movimiento vanguardista surgió como una respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y creó una suerte de espejo ante la barbarie humana para poder liberarse de ella y superarla.
Vísceras de animales, sangre y otros fluidos corporales; la utilización de íconos religiosos para establecer una crítica directa a las formas moralistas; el dolor para expiar el mismo dolor; la destrucción del hombre para el renacimiento de un nuevo hombre; todo eso fue el Accionismo vienés, que obviamente es difícil de abordar por su gesto violento, pero que efectivamente provoca una reflexión y requiere tanto de los espectadores como de los estudiosos del arte, para poner a prueba los sistemas de valores que nos rigen.

En estas semanas hemos sido testigos del sistema de valores que rige al Museo Jumex. En un país donde el horror de la violencia, la tortura, el asesinato, las desapariciones forzadas, los calcinados, los feminicidios, la injusticia e impunidad son parte de nuestra cotidianidad, es risible cómo la obra de Nitsch pueda “amenazar” la reputación de altos ejecutivos.

Pero una cosa es la “censura” disfrazada –eso parece ser la cancelación de la muestra de Hermann Nitsch por la ausencia total de una declaración oficial– y otra es que el Museo Jumex, en estos dos años, no ha sabido (o podido) establecer una línea museística clara y definida, con un programa de exhibiciones sólido y sustentado. Si fuera así, dudo mucho que la opinión de unos cuantos o las firmas de muchos pudieran interferir en decisiones tan importantes para una institución cultural.

Cuando Eugenio López Alonso –fundador de la Colección/Fundación Jumex– y yo comenzamos (a finales de los años 90) la aventura de crear una entidad cultural que no sólo coleccionara arte para sí mismo, quisimos que fuera una plataforma para impulsar la producción artística contemporánea del país teniendo en cuenta el complejo contexto social y económico de México. Fue necesario crear programas expositivos, educativos, sociales y de apoyo institucional que contribuyeran a ampliar el panorama artístico de ese momento.

Sin embargo, los tiempos han cambiado mucho, y se ha perdido la mística con la que Jumex contribuyó para colocar a México en un lugar importante del arte internacional; ahora pareciese que sólo sirve a intereses comerciales de unos pocos. Se ha perdido el sentido de propósito que hizo de esta fundación una plataforma tan relevante dentro del ámbito artístico y su directiva ha permitido que los intereses de mercado y la especulación además del “estrellato artístico” (lo que sea que esto signifique) se hayan apoderado de la institución.

La cancelación de la exposición de Hermann Nitsch reafirma que La Fundación Jumex Arte Contemporáneo no esta dispuesta a correr ningún riesgo. En lugar de consolidar su posición como un catalizador de reflexión y conocimiento, el Museo Jumex se parece más a una frívola pasarela de moda.

Para sustituir la muestra de Hermann Nitsch, Jumex presenta una selección de piezas de la colección, con obras de Wilfredo Prieto, Dieter Roth, Hans-Peter Feldmann y Andreas Slominski. Bienvenida la exposición, pero no como moneda de cambio. Supongo que las selfies de museo con sangre de animal no habrían generado tantos likes.

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