Opinión

La salvación en la lectura

    
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Aurelio Nuño (Cuartoscuro)

“El objetivo principal del nuevo modelo educativo es enseñar a los niños a pensar y discernir, no a memorizar información que luego olvidan”. El secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, repitió hasta el cansancio esta frase como máxima para las nuevas generaciones de estudiantes. Suena bien, aunque es un modelo que se aplica desde hace décadas en otros países, querer implementarlo en nuestro país marca una ruta, al menos, “innovadora”, el pensamiento como prioridad. Sin embargo, el gobierno manda un mensaje contrario: mientras le apuesta al cultivo de generaciones distintas, con la capacidad de analizar el presente y resolverlo, decide bajar el presupuesto al sector cultural: ¿hay algo más inexplicable que el encuentro de estas dos acciones de gobierno?

En la máxima fiesta de la lectura, el presidente de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Raúl Padilla, lamentó la decisión de un gobierno que desprotege la única solución posible para salir de la debacle nacional.

En el salón Juan Rulfo de la FIL, señaló: “En el sector cultural, la descentralización sigue siendo un capítulo pendiente en nuestro país; desde este encuentro internacional de las letras, el pensamiento y la cultura, exhortamos a que estas decisiones sean discutidas, revisadas y ojalá rectificadas (…) he de hacer notar que en este sexenio el Presupuesto de Egresos de la Federación ha tenido un crecimiento de 10.3%, en términos reales. A pesar de ello, tenemos que lamentar que el gasto en Cultura ha sufrido una disminución del 32.1%”.

El presidente Enrique Peña Nieto ha decidido ir dejando poco a poco a la cultura sin dinero. Al inicio de su administración el gasto cultural representaba el 0.53 por ciento del gasto total, y para 2018 sólo representará el 0.32 por ciento del presupuesto.

¿Por qué digo que la cultura puede ser una solución para sacarnos de nuestra violenta realidad? ¿Un libro puede ser una ventana real para transitar de un México violento a uno resiliente y capaz de desarrollar una cultura de paz?

El Fondo de Cultura Económica (FCE) no sólo está convencido de ello, sino que además cree haber encontrado una fórmula para insertarse en comunidades que han padecido violencia durante décadas, y mostrar a sus habitantes que pueden acabar con el silencio que deja la violencia mediante la lectura y la escritura.

Desde 2013, el FCE comenzó a trabajar con la comunidad de Apatzingán de la Constitución, en Michoacán, una de las entidades más lastimadas por la inseguridad y el narcotráfico en el país. Desde ahí gestó un proyecto que ahora pretende sembrar en el alma de cinco lugares más de México, marcados por el dolor y la impunidad.

Se trata de ‘Cultura de paz, palabra y memoria. Un modelo de gestión cultural comunitario’, que bajo tres premisas –colaboración con los tres órdenes de gobierno, la estrecha participación ciudadana y el desarrollo de la cultura de la paz– pretende transformar realidades y darles a los pobladores una ventana para transformar su visión del mundo.

“Éste es un libro que más que leerlo hay que vivirlo: desde los trabajos de rehabilitación de la vieja estación de ferrocarril de Apatzingán, hasta escuchar los temores, los anhelos, conocer los sueños y pesadillas de una comunidad tan violentada por la violencia criminal. Había que hacer el esfuerzo por participar en sus proyectos de vida. Ahí entendimos que la primera condición para avanzar en un proyecto de reconstitución del tejido social en estas condiciones radica en la participación muy intensa de las comunidades”, ha señalado José Carreño, director general del FCE y el principal promotor de un proyecto al que ya logró involucrar a la SEP.

Esta fórmula que ya dio resultados en Apatzingán será replicada en cinco sitios, donde la violencia ha silenciado las emociones, para que la gente pueda desahogarse mediante el arte y la cultura: las escuelas normales rurales de Michoacán, Zacatecas, Chiapas, Tlaxcala y una emblemática, la de Ayotzinapa en Guerrero, donde la herida por la pérdida de 43 sigue viva y necesita de una forma de sanar.

Y es que mientras el gobierno tiene un discurso de apoyo a la lectura y la educación, reduciendo a la mitad el presupuesto cultural con que inició, hay otros que, sabiendo cuánto puede tocar la vida de las personas, han decidido apostar para de poco a poco cambiar el dolor por el anhelo de paz.

Twitter: @jrisco

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