Opinión

La permanencia de Grecia es más cara que su salida

1
 

 

Grexit

La crisis griega tiene elementos que nos hacen recordar a la de Lehman Brothers en 2007. La quiebra de un banco relativamente menor fue el catalizador que puso el reflector sobre una serie de añejos problemas estructurales. El castillo de naipes se vino abajo. En 2015, seguimos arrastrando muchos de los mismos problemas, pero se manifiestan en forma distinta.

El mundo, aquí y allá, está confundido. Los políticos proponen soluciones quiméricas y piedras filosofales que sólo existen en su mítica y demagógica narrativa; y una realidad distinta, dura y compleja hace su lento arribo como pesada neblina que llega para quedarse.

Por décadas, el crecimiento estructural de la economía mundial ha sido débil. Los gobiernos de los países desarrollados han abusado del gasto público creando un enorme welfare state (un Estado benefactor) que promete cobertura de salud, educación, vivienda y empleo de cuna a tumba, a poblaciones que envejecen y que tienen menos hijos de los que serían necesarios para mantener estable a su población. Por otra parte, los avances científicos prolongan la esperanza de vida, pero encarecen el costo de salud a partir del desarrollo de medicina personalizada y de nuevos tratamientos que han hecho que incontables padecimientos que antes eran mortales sean ahora crónicos, con el incremento en el costo que eso conlleva.

El gasto público se ejerce con enorme irresponsabilidad, y se contrata deuda para con ésta cubrir el creciente gasto corriente (el equivalente a que un individuo decidiera pagar la renta de su casa usando la tarjeta de crédito), para pagar caras obligaciones previamente contraídas (como es el caso de las pensiones), o en el pasado reciente para rescatar a la banca (como cuando quebró la estadounidense, como consecuencia de la crisis de 2008).

A un país le pasa lo mismo que a un individuo cuando se endeuda. El tomar deuda equivale a sacrificar consumo futuro por consumo presente, a no ser que esa deuda sea contratada con el objetivo de invertir en infraestructura o en proyectos cuya rentabilidad exceda al costo de ésta. En el entorno actual de tasas de interés, eso no es difícil.

Los gobiernos de Grecia, Alemania, Estados Unidos, China y muchos otros países, insisten en mantener una realidad ficticia por simple miedo a decirle a sus electores que vienen tiempos difíciles que exigirán ajustes dolorosos. China, por ejemplo, logró mantener una tasa de crecimiento alta, a pesar de la crisis de 2008, pero para lograrlo ha contratado deuda equivalente a 100 por ciento de su PIB en los últimos seis años.

¿Saldrá Grecia de la Eurozona? El peor escenario posible es que no lo haga. Si las autoridades europeas premian la renuencia del gobierno griego a negociar, pronto tendremos a Podemos en el poder en España, al Frente Nacional en Francia, a la Alianza del Norte en Italia, y así sucesivamente. A estas alturas, quizás el contagio político es más peligroso que el económico, a pesar de que éste es mayor de lo que se cree.

Por mucho tiempo se ha premiado a los países del sur de Europa
–España, Italia, Portugal– con tasas de interés que no reflejan el riesgo o el perfil de sus finanzas públicas, pues el mercado descontaba que Alemania siempre los rescataría. Si el costo de la deuda de esos países se eleva, como debería, ese proceso podría llevar a que se aborte la tibia recuperación que hemos visto en la región como consecuencia de que un euro más débil ha fortalecido sus exportaciones e incluso el turismo, y por la baja en los precios del petróleo que beneficia a estos grandes importadores. Sin embargo, este riesgo es mucho menor que el de ver, por ejemplo, que un gobierno populista en España diera marcha atrás a cambios estructurales que este gobierno ha impuesto y que han sido exitosos, como es el caso de su reforma laboral que ha incrementado la flexibilidad en el empleo de España, lo cual urgía hacer.

Hace años dije en muchos medios que el plan de austeridad que se le estaba imponiendo a Grecia funcionaría a la perfección si tan sólo lograran convencer al pueblo griego de dejar de comer. Parece que no pudieron. Nunca en la historia ha habido un país que se recupere de casi una década de depresión económica con austeridad y aumento de impuestos. Pero, es justo la debilidad de países como Grecia lo que le ha permitido a Alemania ser el país más exportador del mundo (midiéndolo como exportaciones/PIB), pues esas crisis han debilitado al euro. Si Alemania tuviera todavía el marco alemán como moneda, ésta sería fortísima y exportar sería mucho más complicado.

Parece que Grecia es el primer país que tiene que enfrentar su realidad. No será el último. Algún día le tocará también a China, y ese sí será un ajuste infinitamente más complejo para el resto del mundo.

Twitter: @jorgesuarezv

T
ambién te puede interesar:
Los legados de Obama y de EPN
Las universidades de México deben liderar el combate a la desigualdad
Subir salarios sin educar es contraproducente