Opinión

La ruta mexicana del Papa

 
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Papa Francisco

La visita de Jorge Bergoglio puede ser una excusa para ver lo mejor de nosotros. Pero como la clase política del país estará muy ocupada en eso, mejor usemos tres estados de la ruta mexicana del Papa para recordar que México sigue siendo un país profundamente religioso, pero que necesita un sinnúmero de respuestas seculares para responder a desafíos tan diversos como la inseguridad, la pobreza, la desigualdad y la corrupción.

En Chiapas, Bergoglio no sólo visitará la entidad menos católica del país –según Inegi cuatro de cada seis chiapanecos profesan otra religión–, también se acercará a una de las realidades más dolorosas de México: un Estado pobre y profundamente desigual. Con un puñado de bulevares y edificios de primer mundo en su capital, pero con indicadores de desarrollo similares a los países del África subsahariana, los liderazgos sociales y las autoridades chiapanecas han fracasado en lograr mejores condiciones para todos sus ciudadanos, a pesar de ser uno de los estados más favorecidos económicamente por la Federación a través de participaciones federales desde el levantamiento zapatista hace más de 20 años. Los gobiernos que se han sucedido en el estado han administrado el aparato clientelista sin encontrar (o quizá sin el interés de buscar) una solución gradual a los problemas de ese estado.

En Chihuahua y Michoacán, Bergoglio visitará entidades más católicas que Chiapas –76 y 91 por ciento de la población, respectivamente–, pero con severos problemas de inseguridad y aplicación de la ley. Las instituciones políticas de esos estados han sido poco eficaces para enfrentar al crimen organizado, lo cual se ha manifestado en tasas de homicidios similares a las de países en guerra y en uno de los fenómenos nacionales más trágicos: los feminicidios de Ciudad Juárez.

La visita de líderes religiosos es un buen recordatorio de que la fe y la esperanza es insuficiente para bajar el cielo a la Tierra. Sin embargo, algunas de las virtudes postuladas por las grandes religiones como el trabajo arduo, la austeridad y la honestidad son herramientas indispensables para lograr un México más seguro, más próspero, más equitativo y más íntegro.

Twitter: @gustavo_gilr

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