Opinión

La rosca y los regalos

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Un sistema electoral tan cuidadosamente elaborado como el nuestro enfrenta este año, en la antesala de trece procesos de elección local, un lógico escrutinio y calificación. Ahora que seguimos embriagados por las fiestas decembrinas y en la preparación de la última reunión que tiene lugar con motivo de esta época, la partición de la rosca y el chocolate, es justo que valoremos cuáles son los regalos que nos traerán este año los reyes magos.

El primer regalo:
El cansancio ciudadano del corrompido sistema de partidos, se ve correspondido por Melchor con la reforma electoral ya probada, que en este año habrá de florecer, por la que todos los mayores de dieciocho años podrán acudir a las urnas para votar y elegir a candidatos independientes.

Un primer regalo que le permitirá a mexicanos destacados, en cierto modo no relacionados por la opinión pública con las negatividades de ninguno de los partidos que conforman el establishment, contender con el firme propósito de servir a México y, desde luego, nunca para hacerse de una pequeña rebanada del presupuesto destinado al gasto electoral, ni tampoco para hacerse del poder por el poder mismo, como sucede en la arena de los partidos de la que todos hablamos. ¿Será?

El problema de los independientes, sin embargo, sigue siendo el incuestionable carácter mesiánico que por las condiciones de su acceso al poder lógicamente debe acontecer. Un candidato independiente que goce de un voto mayoritario (aún en el caso de las mayorías relativas), empodera a un individuo en forma única y ajena a cualquier órgano conjunto de representatividad pública.

Si como ocurre, el ciudadano electo se ve obligado al ejercicio de una encomienda pública que por el repudio de los electores se arrebata a los partidos, la conducción de las labores de gobierno queda en manos de un combatiente de las cruzadas que se debate contra todo y contra todos. El riesgo de la parálisis y del antigobierno, en manos de Don Quijote, es muy grande. ¿Pueden los independientes cambiar el rumbo del país, fuera de las instituciones que nos hemos dado; fuera del debate parlamentario y la más adecuada actualización del derecho?, y, si no puede suceder, ¿acaso no es más peligroso entonces tener contendientes antisistémicos?

El segundo regalo:
En el mejor deseo de proteger a un universo de electores que, a pesar de ser mayores de edad, siguen presuntivamente siendo manipulados por la información televisiva (es lo que se dice siempre y lo que se deduce de las restricciones legislativamente impuestas), Gaspar nos ha traído como regalo la limitación normativamente impuesta para que absolutamente nadie, sin distinción, se salga del corral que maneja el INE, a la hora de decidir qué y quién dice algo en la radio y la televisión en la materia político electoral.

El problema que deriva de tan bondadoso obsequio es que la camisa más estrecha se le puso a quienes ejercen el poder, los que no obstante contar con un legítimo derecho y lógica intención de contender en la arena política, para hablar de sus logros en la función encomendada o defenderse de las imputaciones hechas en su contra, están totalmente limitados por la misma ley, que en esa medida impide un proceso de información fidedigno y verdadero, en ineludible agravio del grado de conciencia que el público elector bien leído debe formar.

Es ahí en donde en estos días cobran importancia dos fenómenos atendibles: Uno, ¿es sano y legítimo que Anaya y López Obrador gocen de la libertad más absoluta para aprovechar el vacío legal y difundir su imagen con miras a participar en el debate electoral por la presidencia de la República dentro de dos años? La camisa de fuerza genera esta distorsión del sistema que pone en evidencia el defecto que se debe reparar pero, ¿en qué sentido? ¿Que se restrinja también la difusión de su imagen o que se liberen las restricciones para todos?

Dos, apenas ayer Donald Trump anunció que dispondrá de dos millones de dólares mensuales para la difusión publicitaria de su imagen en dos Estados de la Unión Americana, y eso no garantiza para nada que será electo el candidato del Partido Republicano, a pesar de ser puntero en las encuestas. ¿Cómo podríamos blindar a los candidatos frente a recursos económicos ilícitos o intereses que pudieran ir en contra de la más atinada dirección del país?

El tercer regalo:
El proceso de elección de este año, del que derivará la designación de trece nuevos gobernadores y varios centenares de servidores públicos en el ámbito de la administración municipal, es una prueba de oro para las nuevas instituciones.

Ante la inminencia de un proceso de elección presidencial en el que se estará jugando su suerte el país, pues se decidirá la continuidad de lo constitucionalmente replanteado o un giro de timón, Baltazar nos obsequia el mejor de los regalos: tiempo; la oportunidad de dos períodos legislativos, que serían mucho más que suficientes para analizar y cambiar los defectos de la normatividad vigente, con miras a garantizar el más eficaz sistema democrático de acceso al poder.

El punto con relación a esta modificación tiene que ver con la posibilidad apremiante para que los mismos actores políticos se den cuenta del entramado en el que han quedado colocados, y el riesgo en que podrán llegar a estar situados, sin distinción, pues tarde o temprano, todos, en algún ámbito de gobierno nacional deberán enfrentar las mismas restricciones.

A ver quién se saca el niño en la rosca, y de qué sabor prepara los tamales para el día de la candelaria, el 2 de febrero. Existe un futuro en juego.

Twitter: @Cuellar_Steffan

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