Opinión

La revolución en el Tec de Monterrey

02 agosto 2013 5:32

 
 
 
Tantos metros cuadrados de oficina tienes, tan importante eres. Ese principio sigue vigente en muchas instituciones del sector público o privado.
 
 
Por eso, cuando se conoce el despacho de Salvador Alva, Rector General del sistema Tec, una de las instituciones educativas más importantes del país, uno se lleva una sorpresa. Se trata más bien de un escritorio en una oficina compartida. Tiene menos espacio y privacidad que la mayoría de los directores de una primaria particular en el DF.
 
 
El ex presidente de Pepsico para Latinoamérica, cuyo nombramiento como sucesor de Rafael Rangel sorprendió a muchos, ha emprendido una revolución en la que quizás sea la institución de educación superior más influyente entre las empresas privadas.
 
 
Si el cambio que ha iniciado alcanza sus metas, el resultado será trascendente para el país entero y no sólo para el Tec o las firmas privadas.
 
Por años, el Tecnológico de Monterrey tras la trágica muerte de su fundador, don Eugenio Garza Sada, cambió su orientación y tuvo el objetivo de crecer y crecer y crecer más.
 
Y no hay en el mundo una institución de educación superior que pueda estar en este proceso sin que haya un demérito de la calidad.
 
 
La revolución que enfrentará el Tec tiene muchas aristas. Una de las más claras será –ya está siendo- su cambio de vocación. El crecimiento ya no es la prioridad. El tema central es la calidad y ella está correlacionada con la investigación. De hecho hubo ya cierres de programas en muy diversos campus. En el futuro veremos un Tec con muchos más investigadores de alto nivel y además en las áreas de frontera, desde luego sin dejar de formar profesionales.
 
Otro de los cambios que serán perceptibles para la comunidad del Tecnológico es la disposición del mobiliario en las aulas. Hoy, en su mayor parte, ponen al profesor en un pedestal, literalmente. El diseño refleja la idea de la educación como un proceso en el que el maestro imparte su cátedra y reparte a los demás su conocimiento.
 
Pero resulta que el saber que se obtiene en las aulas universitarias se vuelve cada vez más efímero debido a su rápida obsolescencia. Lo que se requiere más y más en la formación profesional es el desarrollo de las habilidades de investigar, aprender, cuestionar, crear.
 
Ese hecho se va a reflejar en la organización de las aulas, en donde se va a diluir el profesor, quien va a coordinar los esfuerzos de generación del conocimiento colectivo pero ya no meramente a impartirlo.
 
 
Otro cambio importante es la estructura financiera del Tec.
 
Actualmente hay una muy alta dependencia a las colegiaturas. Sin embargo, en la búsqueda de la excelencia, habrá mayor selectividad en los alumnos, lo que implicará tener menos, los que además deberán ser elegidos fundamentalmente por su calidad y no por su poder adquisitivo, lo que implica un programa más agresivo de becas.
 
 
Además, con más investigación, la institución debe tener más ingresos por proyectos y patentes. Y, desde luego, una búsqueda más amplia de fondos nacionales e internacionales.
 
Otro cambio más es la orientación a lo internacional. Se pretende que el 100% de los estudiantes de licenciatura tengan una parte de su formación fuera del país.
 
Hay muchas cosas más que se plantea la administración de Alva, pero quizás la más importante es el cambio de la cultura de la comunidad del Tec, que tendrá que orientarse a la formación de valores y líderes con capacidad de transformar las instituciones en las que se inserten o las que ellos mismos desarrollen pues la educación va a ser para mantener el espíritu emprendedor independientemente de la posición que tengan en las empresas.
 
 
Entusiasma ver estas iniciativas. El cambio del país es precisamente el de su cultura y sus instituciones.
 
 
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