Opinión

La resurrección del dedo

 
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AMLO

Hay quienes atribuyen al dedo retráctil el desarrollo de la civilización. Otros, de forma acusadamente más local, describen al dedo como el eje central del sistema político mexicano. No cualquier dedo. El pulgar señalando hacia arriba o hacia abajo indica bienaventuranza o ruina. El dedo medio manda al diablo. Pero el índice sirve para señalar. 'Ese fue' o 'ese va a ser'. Si se ejerce de la segunda forma, se le conoce como dedazo. En la práctica significa: el presidente elige a su sucesor. No elije al más preparado sino al que puede servirle mejor para cubrirse las espaldas, con resultados bastante inciertos.

En los primeros meses de 1998, Ernesto Zedillo se 'cortó el dedo': renunció a elegir a quien le seguiría en el cargo. A Francisco Labastida lo eligió una asamblea y, meses después, fue derrotado por Vicente Fox. Muchos priistas siguen tachando de traidor a Zedillo por haberlo hecho, porque en la práctica implicaba no sólo la negativa a elegir sino la disminución del apoyo del poder público para garantizar la sucesión. Eso no ocurrió en el 2000: Zedillo no eligió a Labastida, pero nunca dejó de apoyarlo. La prueba de esto es el llamado Pemexgate que demostró que el gobierno de Zedillo desvió de Pemex mil 500 millones de pesos para la campaña de Labastida. Por ese abuso el PRI fue multado por mil millones de pesos. Zedillo no eligió pero sí apoyó. Fue la última elección del sistema político mexicano.

El dedo de Calles señaló sin problema a Cárdenas, “pero a Cárdenas
–escribe Enrique Krauze en La presidencia imperial– le costó trabajo hacer lo propio con Ávila Camacho, cuyo destape estuvo a punto de provocar una nueva revuelta”. El sistema comenzó, en 1952 con Ruiz Cortines, a “ajustar claramente sus reglas hasta alcanzar, hacia 1958 [con la elección de López Mateos], un refinamiento azteca”.

El 'sistema' controlaba a los diputados, senadores, jueces, el aparato electoral, el Ejército, las organizaciones criminales, a los gobernadores, los sindicatos, los intelectuales, la prensa y los partidos de oposición. Ese inmenso mecanismo tenía como eje un dedo: el gran dedo elector.

Zedillo se cortó el dedo en 1998, el PRI perdió la elección de 2000 y en 2006 cayó en tercer lugar con Roberto Madrazo. El 'sistema', al quedarse sin su eje digital, perdió fuerza y control. Luego de su esforzado regreso en 2012, el PRI ya no era el mismo. Ahora en la Asamblea del PRI, Peña se las verá difíciles para imponer a Narro, Nuño o Meade. Exhibirá la cabeza de Duarte para controlar a los gobernadores. El sistema del 'chivo expiatorio' ha servido y seguirá sirviendo como catarsis del grupo en el poder. Peña, con 20 por ciento de aprobación, tendrá que negociar la selección de candidato.

El dedo no se rinde. Cuando lo cortó Zedillo, el dedo cayó a tierra y ahí fructificó. Morena no es un partido sino un movimiento. No está organizado por municipios sino por distritos electorales. Su fin último y único es llevar a López Obrador a la presidencia. Así lo diseñó López Obrador para que nada interfiriera en su propósito. En abril de 2008, todavía al frente del PRD, y en medio de una discusión sobre los pasos a seguir en el movimiento contra la reforma energética, Carlos Navarrete le preguntó directamente: “A ver, para que nos quede bien claro, Andrés Manuel: ¿entonces el movimiento eres tú? Sí, soy yo, le espetó el tabasqueño en medio del silencio de los coordinadores parlamentarios” (El Universal, “López Obrador: el movimiento soy yo”, 26 de abril de 2008). Morena es un movimiento y el movimiento es él. El dedo unívoco elige candidatos, delegados, consejos. En Culiacán, el 3 de octubre de 2015, le gritaban a López Obrador en una asamblea que era un corrupto el candidato que él había elegido. López Obrador se dirige furioso al público: “Parecen, con todo respeto, enviados de la mafia del poder”. Todo el auditorio chifla. El Dedo eligió. (En YouTube, “Revientan mitin de AMLO en Culiacán”, minuto 1:00 a 1:09).

La resurrección del dedo ocurrió en Morena. El líder elige y la asamblea valida la elección a mano alzada. Sólo una voluntad prevalece: la digital autoritaria. Durante mucho tiempo Televisa transmitió las conferencias de prensa matutinas que ofrecía López Obrador como jefe de Gobierno. Los reporteros preguntaban. Una muy socorrida respuesta de López Obrador, cuando quería esquivar una pregunta, era: “Lo que diga mi dedito”. ¿Volveremos a eso? ¿Al dedo que decide por todos?

Twitter: @Fernandogr

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