Opinión

La reivindicación
de la ortodoxia económica

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Brasil

La ortodoxia económica –definida de manera simple como prudencia fiscal, política monetaria responsable, tipo de cambio flexible, mantenimiento de un sistema financiero saludable y reformas orientadas al libre mercado– quedó en el olvido por varios años. Por un lado, el fuerte crecimiento de China desde inicios de este siglo –que provocó un boom en el mercado de materias primas (o commodities)–no permitió ver el efecto de las malas políticas económicas –claramente alejadas de la ortodoxia– que se instrumentaron en muchos de los países en donde se beneficiaron de la mayor demanda y altos precios de los commodities durante esos años. Por otro lado, la gravedad de la crisis económico-financiera global de 2008-2009 hizo que las autoridades globales –estandarte de la ortodoxia económica– se tornaran permisivas con respecto del tipo de políticas económicas que se debían instrumentar.

Si bien los estímulos cuantitativos fueron un éxito en los países desarrollados, las medidas macroprudenciales –entendidas como el uso de diferentes instrumentos dependiendo de las variables que se intentaban influir– sólo aletargaron el proceso para que se llegara al resultado inevitable: necesidad de reformas estructurales. Éstas se hicieron patentes con profundas recesiones económicas y dependiendo de los cuellos de botella que se necesitan arreglar, éstas vienen acompañadas de alta inflación.

En este sentido, se escribieron muchas páginas casi asegurando que el modelo económico que habían adoptado las economías de los famosos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) era el modelo a seguir para lograr altas tasas de crecimiento con estabilidad económica al mismo tiempo, a pesar de que implicaban un alejamiento significativo de la ortodoxia económica. Me voy a permitir quitar la “C” de los BRICS, dado que considero que China no comparte la mayoría de las características que observan los países de este bloque, comenzando por el pasado comunista del que viene. De 2001 a 2014, los “BRIS” (BRICS sin China) crecieron a una tasa promedio de 4.5 por ciento, con una inflación promedio de 7.5 por ciento.

En contraste, Brasil probablemente haya registrado una contracción del PIB de 3.4 por ciento el año pasado (claramente lo sabremos cuando se publique el dato del cuarto trimestre), con una tasa anual de inflación de 10.5 por ciento. De manera similar, es previsible que el PIB de Rusia haya caído 3.8 por ciento en 2015, con una inflación que se elevó de 11.4 por ciento en 2014 a 12.9 por ciento en 2015. Asimismo, la economía de Sudáfrica habrá crecido sólo 1.4 por ciento, con una inflación de 4.8 por ciento el año pasado.

El único país del grupo de los “BRIS” que se encuentra con una combinación crecimiento-inflación diferente es India (crecimiento: 7.4 por ciento; inflación: 5.4 por ciento). En mi opinión, a pesar de que la inflación es alta, India tiene tres ventajas: (1) No se alejó tanto de la ortodoxia económica en cuanto a política fiscal y monetaria; (2) la caída de precios del petróleo benefició doblemente la economía de India porque son importadores netos de petróleo y pudieron reducir los subsidios a los precios de la gasolina; y (3) India goza de un periodo político muy afortunado, con un primer ministro con mayoría que además de apegarse a la ortodoxia económica está llevando a cabo reformas estructurales y en el Banco Central designaron a un economista de primera como gobernador, al execonomista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Raghuram Rajan, quien además fue de los primeros que avizoraron la gran crisis de 2008-2009.

Otros países que se alejaron mucho más de la ortodoxia económica hoy no sólo se encuentran viviendo las consecuencias negativas de dichas políticas, sino que inclusive su población ya quiere fuera a esos gobernantes. Tal es el caso de Argentina, en donde hace poco más de un mes la mayoría de la población escogió expulsar las políticas del kirchnerismo, que dejaron a Argentina con una economía maltrecha, dándole el triunfo a Mauricio Macri.

En Venezuela desafortunadamente todavía falta mucho camino por recorrer, pero el resultado de las últimas elecciones legislativas dejó claro que la población ya no está contenta con los resultados de las políticas chavistas que ha continuado instrumentando el presidente Maduro. Hasta en países como Cuba, en donde el modelo pudo subsistir estos últimos años debido principalmente a la ayuda recibida de Venezuela, el gobierno también ha iniciado un proceso que, aunque todavía muy, muy lejano, se encuentra orientado hacia la ortodoxia económica.

México, en contraste con la mayoría de los emergentes, no ha abandonado la ortodoxia económica. Ni siquiera en plena crisis en 2008-2009, cuando el actual gobernador del Banco de México y en esa época secretario de Hacienda, Agustín Carstens, decidió convencer al presidente en turno y al Congreso de llevar a cabo una restricción fiscal, en contra de las recomendaciones del recientemente permisivo FMI y de las ideas que expresaban algunos premios Nobel de Economía. Hoy, México goza de una estabilidad macroeconómica que los demás emergentes sólo pueden soñar.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.Opine usted:


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