Opinión

La reinvención
del 'tapado'

  
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Si EPN regresara el tiempo, ¿invitaría de nuevo a Trump?

A mi mamá, en sus ochenta años.

Esta semana ya comentamos el mal proyecto de Constitución de Mancera, potencial candidato presidencial del PRD; ya hablamos acerca de las similitudes del dueño de Morena con Trump; y ayer vimos la contienda interna del PAN. Sólo nos queda un partido por atender, así que lo haremos de una vez.

Los jóvenes no conocieron una famosa institución mexicana del siglo XX: el 'tapado'. Se llamaba así al candidato del PRI, que era designado por el presidente en funciones, que mantenía en secreto su decisión por varios meses. Esto permitía que las discusiones públicas exaltaran o atacaran a los secretarios de Estado, agregando un poco de información al presidente, que escuchaba a distintos grupos y al final designaba al sucesor. El último elegido por este mecanismo fue Francisco Labastida, designado por Zedillo. Le tocó la primera elección realmente democrática en México, y cosechó la animadversión por su partido. Fue también el primer candidato priista en perder una elección presidencial.

El siguiente candidato del PRI fue Roberto Madrazo, quien desplazó de mala manera a varios grupos del partido, de forma que llegó a la elección en medio de la división interna, y el proceso se concentró en López Obrador y Calderón, que lo enviaron a un lejano tercer lugar. La derrota sufrida en 2006 puso al PRI en severos problemas, porque además traían multas del proceso anterior bastante considerables. Fue el momento que aprovechó el gobernador del Estado de México para convertirse en el líder indiscutible del PRI. Creó un grupo operativo (la marea roja) que se fue a ganar elecciones a varios estados, imagino que con recursos estatales, y colocó en el poder a varios jóvenes gobernadores, la mayoría de los cuales no han sido buenos, por cierto.

Ese gobernador, hoy presidente de la República, tiene enfrente un grave dilema. Puede intentar revivir la institución del 'tapado' y elegir a su sucesor dentro de su gabinete, pero debe recordar que desde el 2000 no ha habido secretario que se convierta en presidente. Es decir, no sólo estaría usando una institución anacrónica, sino muy posiblemente inútil. Pero si no es él quien promueve al candidato, ¿cómo puede mantenerse unido el PRI? En este momento quedan del grupo original muy cercano a Peña sólo dos posibilidades: Meade y Nuño. Del primero, hay quien reclama que no es del PRI; del segundo, que es muy joven.

No parece que a Peña le atraiga hacer candidato a Osorio, quien entiendo no goza del apoyo de los militares, por cierto. ¿De los gobernadores? ¿Acaso Eruviel? ¿O hay otro? Con menor presencia pública aparecen un par de exgobernadores como Ivonne Ortega o Pepe Calzada, o incluso el actual presidente del PRI, Enrique Ochoa. He visto también mencionada a la canciller Claudia Ruiz Massieu.

Pero el problema principal del presidente es él mismo. Con razón o sin ella, el desgaste que ha sufrido es muy grande, y su baja popularidad se ha trasladado a su partido. Con la corrupción como el tema más relevante para los votantes, es difícil imaginar que el PRI pueda ganar 2018. Si se repite la concentración en dos candidatos (que ha ocurrido desde 1994), corre el riesgo el PRI de irse a un tercer lugar, del que no podrá regresar tan fácil como hace 10 años. Impulsar un candidato que no logre unidad sería una tragedia, pero ¿puede lograrse unidad con la baraja que le he mencionado? ¿Sabrán hacerse a un lado los que no sean seleccionados? Ésa era la gran virtud del viejo método: uno ganaba y los demás aguantaban. Pero era la época de la presidencia imperial, no de la democracia y el desgaste actuales.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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