Opinión

La reinvención de Pemex

“¿Por qué critican tanto que Pemex sea el sostén de las finanzas públicas?”, dijo hace no mucho un exsecretario de Hacienda. “Con ese fin nació. Si no les gusta, que inventen una nueva empresa”. Y eso, precisamente, es lo que hicieron el Congreso y el Senado, con lo cual la empresa paraestatal que creó el general Lázaro Cárdenas tras la expropiación petrolera en 1938, murió oficialmente esta semana. Las razones de Estado de hace 76 años fueron modificadas por otra realidad mexicana ampliamente cuestionada por la oposición. Pero el contexto y alcance de lo aprobado, no se analizó en su justa dimensión porque el debate público se inundó de lugares comunes.

El Congreso modificó la iniciativa presentada por el presidente Enrique Peña Nieto, y el Senado ratificó las enmiendas. Sin esos cambios, la reforma energética, como la había planteado el Ejecutivo, iba a tener consecuencias negativas: Pemex jamás habría dejado de estar sometido a la Secretaría de Hacienda, por lo cual sus márgenes para la planeación estratégica, acción y operación, lo habría dejado mutilado frente al nuevo escenario de competencia con el sector privado; asimismo, lo habría aniquilado, pues la iniciativa presidencial no había reparado en el pasivo laboral, que iba a ahuyentar a la inversión, particularmente a la extranjera.

El debate público ha sido la caricatura de la izquierda, que mostró una carencia notable de conocimiento de la historia petrolera, y mostró confusión conceptual y visión reduccionista al quedar atrapada en un discurso ideológico, panfletario y poco informado, donde se le escapó la oportunidad histórica de sumarse a la reinvención de Pemex. Lo más evidente de estas deficiencias –o perversiones deliberadas– fue haber utilizado la imagen del general Cárdenas para chupar autoridad moral en sus denuncias de una ley que no parecen haber entendido en su etapa final.

Uno de los elementos centrales de sus equivocaciones fue haber utilizado una imagen sin conocer el fondo de lo que hizo el general Cárdenas. En 1938, el entonces presidente hizo un pacto con los trabajadores petroleros para que a cambio de su apoyo a la expropiación y neutralizar la posibilidad de sabotajes, creó un régimen especial para Pemex. A los trabajadores petroleros les otorgó salud, vivienda y pensiones de manera unilateral, donde nunca tuvieron que pagar ninguna aportación, como sucede en todas las demás empresas del Estado. Incluso, en el contrato colectivo de trabajo se establece que las pensiones estarán “a cargo del patrón”, que es el gobierno. Por esto mismo, no existe un fondo de pensiones, y los reclamos para que se determine quién se benefició de ese fondo –insinuación inequívoca de actos de corrupción–, son meramente retóricos.

Esa disposición fue generando el pasivo laboral en Pemex que hoy es de 1.7 billones de pesos. Mantenerlo, como proponía la iniciativa presidencial, era convertir a Pemex en una empresa inservible para los mexicanos, porque las disposiciones actuariales que obligan a tener en caja ese dinero para salvaguardar las pensiones, no le permitiría márgenes de operación en el mercado abierto a la competencia. La reforma energética que originalmente deseaba el presidente Enrique Peña Nieto, apoyado paradójicamente por la izquierda más radical en últimos debates de esta semana, la dejaba sin brazos. Pemex no necesita ese pasivo para pagar pensiones, que significan 23 mil millones de pesos anuales, menos de 1.0 por ciento del presupuesto anual de la empresa.

Pero quitarle 30 por ciento de los pasivos y pasarlos a deuda pública, fue un mensaje a los mercados que no habrá costos adicionales que quiten atractivo para que las petroleras del mundo entren en proyectos de exploración y producción con Pemex. El otro mensaje es la creación de Pemex como una empresa productiva propiedad del gobierno, pero con la agilidad de una compañía privada. Para esto fue necesaria la enmienda en el Congreso a la iniciativa presidencial para que el manejo de su presupuesto y deuda esté contenido en sus propias leyes y no en la ley de Presupuesto y Deuda Pública. El cambio fue significativo al pasar de Hacienda a Pemex, entre otras responsabilidades, el manejo independiente de su presupuesto, sus reglas de austeridad, las políticas para inversiones, su estructura orgánica, las políticas de recursos humanos y tabuladores.

La reinvención de Pemex no significa que el general Cárdenas haya actuado con inclinaciones populistas o irresponsables. Lo que hizo en 1938 obedeció a razones de Estado y a salvaguardar los intereses de la nación tras la expropiación petrolera. Lo que se ha hecho en 2014 con la reforma energética obedece a una razón de Estado para detonar el crecimiento de una nación que ha vivido por años estancada. Lo que hizo el general Cárdenas probó su visión y eficiencia de un régimen que el tiempo agotó. Lo que le ha dado el Legislativo al presidente Peña Nieto es una empresa inédita en el mundo, que no se sabe si como quedó diseñada funcionará para los objetivos propuestos. Esa evaluación lo permitirá únicamente una línea de tiempo que empezará a correr este mismo mes.