Opinión

La regulación en energía puede asegurar
el éxito de la reforma

La gran apuesta del Gobierno Mexicano está centrada en la reforma energética. De hecho se sacrificó la reforma fiscal, que quedó cargada a la izquierda y poco amigable a la inversión, en aras de poder sacar una reforma de energía que tuviera éxito.

El contexto en el que se hace esta reforma es sin lugar a dudas una última llamada. Del éxito de esta reforma depende el futuro del país. La suerte de millones de ciudadanos depende de que la apertura de este sector tenga éxito y resultados concretos. Mayores recursos de energía a menores costos, lo que nos hará más competitivos, y permitirá un mayor desarrollo y un mejor nivel de vida en la población.

México no puede tardarse más. El Estado mexicano depende en más de 35 por ciento de los ingresos de Pemex. Le sacamos dinero de más y con esto hemos estado limitando sus inversiones, al extremo de que las reservas probadas (1P) se han caído a menos de 14 mil millones de barriles. La producción de crudo se ha caído en casi un millón de barriles desde 2004. La importación de gasolina rebasa 40 por ciento del consumo.

Tenemos escasez de gas, siendo que ocupamos el sexto lugar en reservas probadas de gas shale; no tenemos gasoductos suficientes y lo tenemos que importar licuado por barco a un sobreprecio de 5 veces su valor de mercado. Pemex y CFE viven inmersas en una rigidez presupuestal, una burocracia letal, un gobierno corporativo manejado por políticos, con elevada corrupción y sindicatos que afectan severamente áreas estratégicas de estas entidades.

En el otro lado de la realidad, México no está participando de una revolución energética que lleva ya algunos años en Estados Unidos y Canadá, en donde las nuevas tecnologías les han permitido acelerar la extracción de petróleo de aguas profundas y de gas y petróleo de lutitas (shale). Normalmente el precio del gas (BTU) es un décimo que el precio del barril. Hoy el precio del crudo se ubica en más de 100 dólares por barril, mientras que el gas está a 4.50 dólares por millón de BTU.

Esto ha permitido que las empresas de América del Norte estén abandonando el diesel para usar el gas natural. Las plantas de energía de ciclo combinado han dejado el diesel por el gas y han bajado el precio de sus tarifas eléctricas. Tradicionalmente Estados Unidos importaba 9 millones de barriles diarios. Hoy en día están importando 7.5 millones por día. Se estima que en el 2020 serán exportadores netos de crudo. En gas ya son autosuficientes y exportadores importantes.

En el cambio constitucional se logró cierto nivel de profundidad y de flexibilidad en los tipos de contratos que las empresas privadas podrán suscribir para participar en el sector. Sin embargo, hay dos aspectos que quedaron plasmados en el cambio constitucional y que consideramos pueden ser críticos para el éxito de esta reforma.

1. Se le está facultando a la Comisión de Hidrocarburos y a la Secretaría de Energía la decisión de qué tipo de contratos se va a usar para cada proyecto. Esto, creemos que va a generar un proceso muy complicado y burocrático para lanzar las licitaciones de los proyectos.

2. En la reforma constitucional no se quiso tomar la decisión de transformar a las entidades operadoras del Gobierno CFE y Pemex, a efecto de que pudieran estar más preparadas para competir en el mercado y para operar eficientemente bajo estándares internacionales. Ambas entidades registran indicadores de muy baja productividad y eficiencia. Los sindicatos, con sus negocios dentro de las entidades, son los verdaderos beneficiarios del estatus vigentes de las mismas.

Las iniciativas de las leyes reglamentarias son una oportunidad para corregir estas importantes deficiencias. Las leyes deben establecer un marco institucional muy claro, con reglas muy sencillas, con reguladores fuertes. Ahora que el Gobierno presente sus iniciativas, los mercados financieros serán un termómetro objetivo de la percepción que tendrán los inversionistas sobre los nuevos ordenamientos.

Director de Análisis y Estrategia
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