Opinión

La refundación del Anáhuac

 
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Paseantes en la Alameda. (Cuartoscuro/Archivo)

Mantenido en celosa custodia por sus progenitores, a salvo de miradas indiscretas del vulgo, el texto que servirá de base para la magna carta que a partir de 2017 regirá el orden social de millones de ciudadanomexiquenses, ha sido revelado. Pero el recelo sobre las formas, que en política son fondo, deja un tufillo de imposición.

Con suspicacia y reclamos ha arrancado ya el trabajo de la asamblea que habrá de redactar la primera constitución política de la CDMX.

Texto que, paradójicamente, ya había sido redactado por un selecto grupo de notables y que ahora deberá ser, sencillamente, analizado, discutido y sin duda negociado, por la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

En teoría, una constitución debe establecer las reglas del juego en las que ha de basarse el intercambio social, buscando en todo, el bien colectivo: justicia, paz, progreso y felicidad. Por ello, en democracia, resulta obligada la expresión abierta, directa y pública de la sociedad y no sólo la interpretación erudita de la selecta fracción de una clase política, cada vez más distante de los sentimientos de la nación.

La refundación del Anáhuac, bien merece, por su trascendencia, considerar, de primera mano, el sentir de la ciudadanía, cuyas vidas y destinos serán afectados en el futuro inmediato por la legislación que emane de las discusiones y que, en estricto sentido, habrá de generar un nuevo contrato social, un nuevo arreglo del entramado institucional y su relación con las demandas y expectativas ciudadanas, que deberá armonizarse, para ser viable, con el complejo contexto normativo nacional.

Si se consideran los tiempos y las circunstancias políticas, en las que sueños, aspiraciones, suspiros y tentaciones de grupos y particulares, están a flor de piel, se antoja imposible que tales factores, no introduzcan elementos de conflicto y obnubilen el sano juicio de tan venerables próceres, ínclitos representantes de la soberanía popular.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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