Opinión

La reforma y los docentes

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 05 septiembre 2013 5:2

 
Rafael  Aréstegui Ruiz
 
 
 
A unos días de haberse aprobado las leyes secundarias que le dan soporte a la reforma constitucional en materia educativa y a 55 años de la represión sufrida por el movimiento magisterial de 1958, cabe preguntarse ¿qué papel juegan los docentes en el proceso educativo? Y más específicamente ¿qué papel juegan los docentes en una reforma educativa?
 
 
 
La interrogante viene a cuento por el hecho de que hace 55 años los maestros dieron una lucha no sólo por prestaciones laborales, sino –y fue lo fundamental– por la democracia sindical. En ese entonces el sindicato se encontraba incorporado al PRI y el movimiento que encabezó Othón Salazar fue por la independencia y la democracia sindical, lucha que culminó con la represión.
 
 
El maestro Othón fue apresado por su actividad sindical, se le despojó de todos sus derechos sindicales y laborales, se le quitó la plaza y se le estigmatizó desde el poder, junto con sus camaradas de la sección 9 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
 
 
Hoy, medio siglo después, la Secretaría de Educación Pública (SEP) carga con el peso político y moral de esta injusticia, y todo para no contrariar a los dueños espurios del sindicato. No le perdonaron a Othón que defendiera el derecho de todos los mexicanos a una educación libre, impartida por maestras y maestros comprometidos con la historia y el futuro del país, responsables de sus actos y no meros empleados al servicio de la burocracia estatal. La cancelación de su plaza duró hasta su muerte en 2008.
 
 
El recordatorio surge por la necesidad de entender porqué el interés del régimen priista -entonces era el control del magisterio- de tener incorporado al gremio al partido oficial, control que se fue desvaneciendo al paso de los años y con la decisión de la maestra Elba Esther de formar su propio partido, y establecer alianzas con el PAN para propiciar el triunfo de Vicente Fox en las elecciones del 2000.
 
 
Ha quedado claro que con la aprobación de la reforma, el control de las plazas será ahora de la SEP y no del sindicato. El SNTE ha aceptado sumisamente el desmantelamiento de su control. La CNTE se ha resistido pero tiene, gremialmente hablando, los mismos vicios de clientelismo que tiene el sindicalismo oficial: comisionados, dobles plazas, venta y herencia de las mismas.
 
 
Indudablemente que una reforma educativa es necesaria, pero se debe reformar también esa tendencia que ha venido aplicando la SEP de importar modelos educativos, tal parece que han olvidado la frase del Maestro Jaime Torres Bodet: Sólo el desarrollo armónico y congruente de un grupo humano constituye un progreso cierto. Porque cuando el desarrollo obedece a una importación imprevista, súbita y transitoria, su nombre es otro. Es colonización.
 
 
Pero también señalaba que más importante que el aula es el profesor. El problema de fondo de la educación es que durante esos 55 años que precedieron a la represión al movimiento magisterial, los mentores fueron vistos sólo como la reserva de votos del PRI, un gremio numeroso con ascendencia en sectores de la población y domesticado de manera clientelar.
 
 
Hoy se requiere dignificar la profesión de maestro. Cabe mencionar que en otros países es la profesión más respetada en la sociedad, y ese respeto se traduce en salario, en cambio en nuestro país, el pago que se ha hecho a los maestros es el linchamiento mediático desde Televisa.
 
 
Es necesaria una reforma educativa que le permita al país contar con mejores profesionistas, ni duda cabe, pero no hay que perder de vista que también se requiere formar mejores ciudadanos que tengan conciencia social y respeto a los derechos humanos, para ello empecemos por devolverle a la profesión de maestro la dignidad que le han quitado.
 
 
 
Doctor en Educación. Director General del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados.