Opinión

La reforma ¿recesiva?

10 febrero 2014 4:18 Última actualización 02 octubre 2013 5:2
Mario Rodarte E. Algunas personas son difíciles de complacer, por la diversidad de sus gustos y la multiplicidad de objetivos que persiguen en la vida, aunque en materia de un sistema impositivo resulta imposible que alguien se sienta satisfecho con cualquier propuesta que se presente, excepto con aquella que le cargue la mano a los vecinos, menos a ellos mismos. Ahora resulta que luego de andar vociferando que era necesaria una reforma fiscal, que ayudara a elevar los ingresos públicos, para así eliminar la nefasta dependencia del petróleo, con la iniciativa que acaba de presentar el gobierno, todo el mundo ha elevado la voz para decir que, de aprobarse, su actividad, o su empresa se la llevará el tren, o lo que es lo mismo, que desaparecerán del planeta. Se dice que es recaudatoria la reforma y que será recesiva, aunque ambas afirmaciones exageran un poco y toman puntos de vista y opiniones muy gastadas, que solían utilizarse en tiempos remotos. No hay nada de exagerado, ni de recesivo en que se iguale la tasa del IVA en toda la República; la frontera no perderá competitividad, porque nunca la ha tenido y a los turistas que todavía suelen atreverse a cruzar la línea, poniendo en riesgo su pellejo, les va y les viene que ahora les cobren impuestos. Un principio impositivo básico es que las tasas deben ser universales; esto es las deben pagar todos. Ya se escabulló la izquierda con su argumento de que los pobres se verán perjudicados de cobrarse en alimentos y medicinas y ahora presionan con dejar fuera las colegiaturas, sin darse cuenta que con esas acciones sólo abren avenidas para que otros evadan y declaren menos que lo que deben. Sería muy recomendable bajar la tasa en toda la República, por ejemplo a 14 por ciento, pero cobrarlo en todo; esa es la única forma en la que el impuesto se vuelve autofiscalizable, ya que todo mundo pedirá facturas y recibos, para poder acreditar el pago en el eslabón previo de la cadena. Si alguien, dicen, no tiene forma de expedir facturas, que las mande a hacer; nadie ha muerto por aprender algo nuevo en la vida. Luego viene el efecto recesivo de la reforma sobre la inversión, básicamente por el impacto que tendrá la deducibilidad limitada de automóviles, la eliminación de la depreciación inmediata y la eliminación del régimen de consolidación fiscal. Simplemente analizando las últimas dos décadas, en los años en los que se puso en marcha la depreciación inmediata y la plena deducibilidad, la inversión no registró ningún repunte, como tampoco repuntó el gasto en investigación y desarrollo cuando se hizo deducible y si en cambio, mientras no hubo impuesto al activo, o IETU, muchos abusaron y sobre invirtieron, claro, con cargo al erario. Tampoco la consolidación ha tenido un efecto palpable sobre la creación de nuevas empresas, como puede verse en el mismo periodo, que quienes tienen recursos los exportan para invertir en el resto del continente, dejando aquí sólo pequeñas oficinas que son centros de costos y de pérdidas, que al consolidarse hacen que la tasa efectiva de pago del impuesto sea mucho menor de lo que se debería pagar. En lo que se refiere al aumento en la tasa de ISR una vez rebasado cierto nivel de ingresos, afectará a una muy pequeña proporción de personas, aunque prácticamente la carga la llevarán los de ingresos muy superiores, que ahora gozan de la tasa reducida y de poder deducir muchos gastos y no acumular ciertos ingresos, como los de rentas de inmuebles, haciendo, de nueva cuenta, que la tasa efectiva de pago sea muy inferior a la que paga cualquier persona con 3 salarios mínimos de ingresos. El efecto en el consumo será imperceptible, como será el efecto sobre la informalidad; esta simplemente se mantendrá tan campante como el whisky. Lo que sí pudiera limitarla y la única forma de gravar a los informales es a través del pago de un IVA generalizado, aunque de nueva cuenta, vendrán los argumentos de los pobres y toda esa palabrería desgastada. Sobre el impuesto en el arrendamiento de vivienda y el cobro a los intereses de las hipotecas, de nueva cuenta no tendrá nada de recesivo; simplemente quienes arriendan propiedades deberán acumular sus ingresos, como sucede en cualquier país civilizado y sobra decir que es de estricta justicia hacerlo. Otro principio fiscal fundamental es el de que se debe buscar justicia vertical y horizontal. Vertical significa que quienes más ganen paguen más y horizontal es que todos los de un mismo rango deben pagar lo mismo. Ninguno de esos dos principios se cumple en México, producto de las tasas diferenciadas, los ingresos no acumulables, la labor de los contadores con los deducibles y otras escenas de planeación fiscal. Del impuesto a las bebidas azucaradas, sería mejor que la autoridad lo vendiera como la alternativa al cobro del IVA parejo; si no lo quieren, empiezo a cobrar en donde la base sea transparente y de fácil cobro. Es verdad que la experiencia mundial dice que el impuesto es regresivo, pero ni hablar. Quien no lo quiera pagar, que no consuma esos productos, igual que el de la gasolina y los ecológicos. Luego vienen los de las telecomunicaciones, que deberían exigir que se estableciera un régimen fiscal, el que sea y que así se mantenga. Los cambios son los que afectan.

 

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