Opinión

La reforma fiscal y los bueyes de mi compadre

06 septiembre 2013 5:2

 
 
La sabiduría popular ha acuñado en México el dicho que señala: “que se haga la voluntad del señor… pero en los bueyes de mi compadre”.
 
 
Cada reforma fiscal que llega, genera algo que pudiéramos caracterizar como el síndrome de los bueyes… del compadre.
 
 
Consiste en que cada quien voltea a la parcela que está a un lado para reclamar que allí es donde se debe apretar.
 
 
Le van algunos ejemplos.
 
 
1- Los grupos empresariales dicen que la consolidación fiscal es un derecho cuasi constitucional y que si se quita esa figura van a salir del país cientos de miles de millones de dólares y no habrá empresa que se establezca en México.
 
 
La verdad es que todos los dichos son exagerados y la razón es que hay muchos a los que este cambio les va a dar un buen machucón fiscal y van a pagar como los demás. Como quien dice que le cobren a todos los otros bueyes… del compadre, pero no a los propios.
 
 
2- Los que viven en las islas de privilegio fiscal, como transportistas, sector agropecuario, maquiladores (aunque ya no se llamen así) y muchos otros, ponen el grito en el cielo y dicen que sin las ventajas fiscales que reciben habrá una crisis de carácter planetario y que el mundo ya no podrá seguir girando si osan afectarlos.
 
 
3- Los informales… no dicen nada porque no les conviene sacar la cabeza pues ellos gozan de los servicios públicos que todos financiamos, pero no pagan un centavo de Impuesto sobre la Renta, porque ya pagan su tributación, también informal, a diversos lidercillos y autoridades que les dan amparo y protección.
 
 
4- Los sindicatos del sector público se rasgan las vestiduras. Trátese de los revoltosos, como los que hemos padecido los capitalinos ya por muchos días, o de los institucionales, como los del hoy ya disciplinado SNTE, no les importa la reforma, siempre y cuando no les quiten las conquistas sindicales obtenidas tras muchos años, como el sacrosanto derecho de cobrar sin trabajar.
 
 
5- Los burócratas de todos los niveles ven a los bueyes… de todos los compadres que viven en el error, es decir, fuera del presupuesto, y no se acongojan de ningún alza de impuestos, mientras sus privilegios se vean intocados. Es decir, el poder ser tan improductivos como nos podamos imaginar, pero sin que sus ingresos se vean mermados.
 
 
6- Los legisladores pueden subir con una sonrisa el Impuesto sobre la Renta al nivel que quieran. Total, aunque a ellos les correspondería pagar la tasa máxima, en muchas ocasiones la Cámara se hace cargo de tan molesta obligación de los próceres de la patria. Total, piensan, para el sector público se trata de cambiar el dinero de una bolsa a otra.
 
 
Mejor ya no le sigo, porque de que abundan bueyes… de muchos compadres, vaya que abundan.
 
 
Una persona que se desempeñaba en el pasado como secretario de Hacienda me dijo un día que uno de los indicios de que una reforma fiscal era realmente buena, era que generara mentadas que llegaran de todas partes.
 
 
Si no genera mentadas, querría decir que es demasiado suave y no alcanza a morder, por lo que no vale la pena ni el esfuerzo administrativo de hacer los cambios.
 
 
Y si genera mentadas de un solo lado, significaría que se trata de una reforma inequitativa. La evidencia de que está bien hecha es que todos terminen enojados.
 
 
No ha existido una reforma fiscal que haya provocado los aplausos del respetable.
 
 
Vaya, ni siquiera aquella que hiciera Pedro Aspe, en la época de Salinas, con un baja de impuestos, pues al mismo tiempo que redujo las tasas impuso controles que no existían, como la obligación de presentar la cédula fiscal para obtener una factura.
 
 
Ojalá que los funcionarios de Hacienda estén conscientes que las rechiflas que van a recibir son una buena señal.
 
Twitter: @E_Q_