Opinión

La reforma fiscal y el cierre del gobierno

02 octubre 2013 5:2

 
¿Cómo se relaciona el ‘cierre’ del gobierno de Estados Unidos y la reforma fiscal que se discute en México?
 
 
El punto de conexión entre ambos asuntos, la reforma en debate en México y la crisis presupuestal en Estados Unidos, es el papel del Estado.
 
 
Los republicanos, que controlan la Cámara de Representantes, rechazaron la reforma de Obama que implica aumentar la cobertura de salud y en particular, lo que ya entró en vigencia desde ayer, son los llamados “mercados virtuales de seguros” que crean más competencia entre las aseguradoras y eventualmente abaratarán el costo de las primas. Hay muchas otras medidas que entrarán gradualmente en operación.
 
 
El punto en discordia es que de acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso, la reforma tiene un costo de 938 mil millones de dólares a plazo de 10 años, lo que equivale a 2 por ciento del Presupuesto Federal.
 
 
A los republicanos (sobre todo a la corriente del llamado “Tea Party”) les disgusta profundamente que haya más gasto público y más intervención del Estado en la regulación del mercado de seguros de salud, así que se han lanzado con todo a tratar de desbarrancar la reforma posponiéndola y negándole presupuesto… ya que no pudieron pararla cuando fue aprobada por las Cámaras.
 
 
La analogía con el tema fiscal en México es que el sector empresarial, casi de manera unánime, se ha lanzado en contra de una reforma fiscal propuesta por el gobierno de Peña que tiene mucho de reforma social, con la inclusión de temas como la pensión universal y el seguro del desempleo.
 
 
El discurso más generalizado en el sector empresarial en México y EU, apunta a que el Estado debe hacerse más pequeño y no meterse en… lo que dicen que no debe importarle.
 
 
Para demostrarle que el tema de esta controversia es básicamente ideológico, haga el siguiente ejercicio.
 
 
La recaudación combinada del ISR (sistema renta) e IVA creció en 86 por ciento en términos reales entre 2000 y 2012, una tasa anual media de 5.2 por ciento.
 
 
El gasto público total creció en 80 por ciento en términos reales en el mismo lapso, lo que implica 4.9 por ciento en promedio.
 
 
Para 2014, ya con la reforma, la estimación es un crecimiento de 6.2 por ciento real adicional en la recaudación combinada de ISR e IVA, y de 9.3 por ciento real en el gasto.
 
 
Es decir, particularmente en el caso de los impuestos, no hay diferencia en orden de magnitud entre el crecimiento de la recaudación que se pretende con la reforma y el que se dio en el pasado. Y, hasta donde recuerdo, nunca hubo un rechazo tan generalizado y tajante como el que ahora se plantea.
 
 
Desde luego que tienen razón quienes señalan que se ha hecho poco en materia de racionalización del gasto público.
 
 
Debió hacerse mucho más. Se cometió un error al no incluir avances mucho más sustanciales en temas como eficiencia y transparencia del gasto como parte del paquete.
 
 
Sin embargo, puedo asegurarle que no habría ninguna medida en materia de gasto público que hiciera aceptable los mayores pagos de impuestos.
 
 
A mi parecer, en un país con la desigualdad que tiene México va a ser poco menos que imposible que la carga fiscal no recaiga en casi los mismos grupos.
 
 
De acuerdo con los datos del INEGI, el 70 por ciento de la población más pobre tiene un ingreso mensual promedio de mil 647 pesos a precios de 2012. El 20 por ciento que le sigue lo tiene, en promedio, de 4 mil 585 pesos. Y el 10 por ciento de más ingresos (cerca de 1.7 millones de personas) de 13 mil 380 pesos.
 
 
Con una estructura de ingresos en la que la clase media es muy delgada, casi cualquier reforma va a acabar cobrándonos más a los que ya pagamos.
 
 
Nos queda pendiente la discusión del gasto. Ojalá se haga en el marco de la aprobación del Presupuesto 2014.
 
 
Twitter: @E_Q_