Opinión

La reforma fiscal ‘desplumada’

10 octubre 2013 5:2

 

¿Quién se va a colgar las medallas por haberle quitado el filo a algunos de los cobros que traía consigo la reforma hacendaria?

 


 Desde luego que los partidos políticos de todas las corrientes van a querer cosechar.

 

El PRI, como el grupo con más peso entre los diputados, puede argumentar que gracias a ellos se aligeraron esos cobros; el PAN ya ha dicho que desde el primer día ellos se pusieron en contra de esos aspectos de la reforma, y el PRD puede argumentar que es posible reducir esas cargas gracias a las propuestas que el partido del sol azteca incorporó en la iniciativa, como el impuesto a las ganancias bursátiles.

 

No hay medida más popular que evitar el pago de más impuestos... aunque esto pueda significar que el Estado no cuente con recursos para generar una mejor infraestructura para promover la competitividad o que no pueda mejorar la distribución del ingreso.

 

La popularidad que tiene el “desplumar” una reforma fiscal deriva de dos cosas: la primera es que nadie protesta por pagar menos (al menos una cantidad menor a la que le amenazaban cobrar); la segunda es que el Estado está desacreditado como administrador.

 

Si tuviéramos excelentes servicios públicos y pruebas de que las políticas sociales son eficientes para avanzar en la equidad en el país, al menos algunos sectores se mostrarían menos molestos… aunque como le he dicho, creo que ninguno estaría contento de pagar más que lo que paga hoy.

 

Ya no hay tiempo, pero el gobierno federal debió haber planteado, junto con la reforma fiscal, una propuesta mucho más ambiciosa de reestructura del gasto público.

 

Vamos a continuar aún con políticas sociales que tienen efecto regresivo en la distribución del ingreso o que por lo menos son ineficientes en la aplicación de recursos.

 

Dejando de lado el tema de la falta de racionalidad del gasto público, debe quedar claro de que al “desplumar” la reforma fiscal, es probable que los recursos adicionales que se obtengan sean limitados y que en poco tiempo se necesite más.

 


No está claro cuál va a ser la pérdida recaudatoria que va a presentarse como producto de los ajustes que van a realizarse, pero no se olvide que, por ejemplo, la reducción de los ingresos petroleros para dejarle más recursos a Pemex va a realizarse en forma gradual.

 


Para 2014 aún no tendrá efecto, pero sí en los siguientes años.
 

Así que cuente con una merma de recursos que podría empezar a darse a partir del 2015.

 

La otra razón es que existen presiones fiscales que van a crecer en los próximos años.

 

Las más importantes tienen que ver con los gastos en pensiones y en salud.

 

Aun si se hacen reformas estructurales en la materia, las obligaciones contractuales para quienes ya están en activo harán virtualmente imposible reducir los flujos.

 

En Hacienda han estado insistentes en que no habrá una nueva reforma fiscal en los próximos años y que ésta es “la” reforma.

 

Si el desplumadero va como pinta, entonces no veo manera de evitar nuevos ajustes en los siguientes años.

 

No es imposible que el IVA a alimentos y medicinas, o al menos a una parte de este tipo de bienes, pueda venir en la siguiente ronda.

 

Y, precisamente, como hay estos indicios, de que tenga que haber nuevos ajustes fiscales, el gobierno debe lanzar –ahora sí- un proyecto de reestructuración del gasto público para hacer más eficiente y transparente su uso.

 


De hecho, sería más que deseable que, reforma futura o no, desde ya se prepare ese proyecto para que, así salga una reforma fiscal desplumada que nos convenza, a quienes vamos a pagar más, de que cada peso adicional va a tener un destino seleccionado con cuidado y racionalidad.

 

Twitter: @E_Q_