Opinión

La reforma financiera no hará milagros


 
 
Cuando se presente y apruebe la reforma financiera que quedó pendiente, no habrá ningún milagro.
 
La Convención Bancaria arranca este día sin el conocimiento detallado de las numerosas iniciativas que componen la reforma financiera.
 
En el fondo, esto resulta poco importante. La reforma, que ya está lista en su totalidad, no se va a modificar por haberse retrasado su presentación.
 
Tampoco el plan de su instrumentación va a cambiar demasiado. En la ruta original, se presentaba al Congreso el 23 de abril, pero a 7 días del final del periodo ordinario de sesiones no se iba a dictaminar.
 
Quedaba para procesarse, ya fuera en un periodo extraordinario o bien hasta el ordinario, que comienza en septiembre.
 
En términos generales, el conjunto de modificaciones que hay en las 38 leyes reformadas resultan aceptables para las 3 principales fuerzas políticas.
 
Así que es poco probable que genere resistencias insuperables. Por eso, tiendo a creer que en algún momento de este verano, antes del periodo ordinario de septiembre, pasará por las 2 cámaras.
 
Hay que estar claros también que, a diferencia de otras reformas, que van a cambiar radicalmente las reglas del juego entre los actores económicos, como la de telecomunicaciones, energética o fiscal, en la del sector financiero no habrá tal cambio radical.
 
Ni va a ser mágica para asegurar que de un día para otro el costo del crédito vaya a ser menor ni tampoco va a propiciar un cambio de comportamiento de la clientela de la banca.
 
Por ejemplo, hay modificaciones legales para facilitar la movilidad de los clientes entre bancos, para elegir aquellos que ofrezcan mejores condiciones.
 
Pero esas facilidades van a funcionar si existe una clientela que tome la iniciativa de cambiarse de banco.
 
Los estudios de opinión entre los usuarios de la banca muestran que el cliente tradicional de los bancos tiende a ser muy conservador y, por tanto, no va a tomar la iniciativa de cambiarse, aunque le resulte ventajoso.
 
Otro segmento de la banca carece de la información para tomar la decisión de moverse.
 
Cambiar esta cultura va a tardar. Así que, aunque exista reforma financiera, la realidad no va a ser muy diferente mientras los comportamientos no cambien.
 
Otro hecho que hay que tener presente es que el crédito ha crecido y las tasas de interés van a la baja. Claro, el primero no ha crecido en todos los segmentos ni las tasas han bajado en todos los productos y todos los plazos.
 
Sólo para recordar. Entre febrero de 2006 y el mismo mes de este año, el crédito de la banca comercial creció en 79%, en términos reales. Esto significa una tasa anual promedio de 8.3% al año, lo que no es poca cosa.
 
Otro ejemplo. En febrero de 2006, el indicador del Costo Total de crédito hipotecario se ubicaba en 15.67%. Para febrero pasado era de 13.83%.
 
Obviamente tiene que bajar todavía más, pero la tendencia es a su reducción.
 
En realidad, el gran reto que tiene la banca es la inclusión.
 
Pero no sólo es un reto de la banca. Mientras no haya incentivos a la formalidad, existirán millones de unidades económicas o personas físicas que no cumplan los mínimos requisitos para operar con la banca.
 
Creo que no sería deseable para el país una reforma que premiara la informalidad. Es decir, que asegurara el mismo tipo de acceso al financiamiento entre los que cumplen con los requisitos fiscales, de seguridad social, y los que no.
 
No habrá milagros. Si todo mundo hace su tarea, con todo y reforma financiera, tendremos seguramente un sistema que mejorará poco a poco en los próximos años. Más nos vale.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx