Opinión

La reforma crediticia


 
La semana pasada, el Poder Ejecutivo promulgó la reforma financiera. En el argot de los mercados financieros internacionales, el término “reforma financiera” está más ligado al endurecimiento de la regulación financiera, derivado a algunos de los hechos que llevaron al sistema financiero norteamericano cerca del colapso, en septiembre de 2008. Es por ello que creo que es mejor llamarle “reforma crediticia” a la reforma recién promulgada. Sobre todo porque es una reforma orientada a que los bancos presten más y más barato.
 
 
Quien dice que en México los bancos comerciales no prestan mucho y que prestan caro -con respecto a otros países- tienen razón. De hecho, si tomamos en cuenta toda la cartera de crédito vigente que la banca comercial ha otorgado a personas y empresas del sector privado y para efectos de comparación, lo dividimos entre el producto interno bruto (PIB), obtenemos un número que oscila alrededor del 15 por ciento. A este cociente también se le conoce como “penetración crediticia”. Esta misma estadística se ubica por arriba del 150 por ciento en EU, por ejemplo. Pero si nos comparamos con otros países de Latinoamérica, en Perú se encuentra por arriba del 20 por ciento, alrededor de 40 por ciento en Colombia, cerca de 50 por ciento en Brasil y por encima de 70 por ciento en Chile.
 
 
¿Por qué tenemos una penetración crediticia tan baja en México? Si bien existen razones históricas, como la nacionalización de la banca a inicios de los años ochenta y la crisis bancaria que se generó en 1995, creo que existen dos razones fundamentales por las cuáles los bancos no prestan mucho en México: (1) El alto nivel de informalidad en la economía; y (2) la dificultad para recuperar colateral cuando un crédito se torna moroso. En este sentido, si una persona que trabaja en el sector informal llega a una sucursal de un banco comercial a solicitar un crédito, es muy difícil podérselo otorgar porque es complicado que esta persona compruebe sus ingresos. Asimismo, por el lado del costo del crédito, si esta persona desea ofrecer una garantía para respaldar el crédito -ya sea hipotecaria o prendaria-, es complicado que un banco la llegue a utilizar debido a que es muy difícil recuperarla en caso de que el crédito no se pague.
 
 
De acuerdo a estadísticas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), en México los bancos comerciales tardan en promedio cerca de tres años en recuperar un bien inmueble de un crédito hipotecario que no se pagó. Desgraciadamente esto es solamente en promedio y en muchos casos el proceso de recuperación puede tener una duración mayor a diez años. Esto incrementa los costos de los bancos y suceda o no el impago, estos costos tienen que agregarse a los cargos que se hacen a quienes les otorgan un crédito, encareciéndolo a todos. Por eso, los problemas de informalidad y de recuperación de garantías hacen también que el crédito sea más caro en México.
 
La baja penetración crediticia de nuestro país no significa que los bancos no quieran prestar. En este contexto los exhorto a que le pregunten a cualquier empresario si no le gustaría vender más de su producto o de sus servicios. Estoy seguro que la mayoría les contestaría que sí. De la misma manera, a los bancos les gustaría poder colocar más créditos. Colocar créditos es muy fácil, el problema es recuperarlos. En este sentido, los bancos comerciales tienen una responsabilidad fiduciaria con sus depositantes. Si bien el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) protege los depósitos de los cuentahabientes hasta cierta cantidad en caso de quiebra, los bancos comerciales tienen que otorgar crédito de manera responsable para poder responder a sus depositantes al prestar su dinero.
 
La buena noticia es que una vez implementada, la reforma financiera (a la que prefiero llamar crediticia), va a hacer que los bancos presten más y más barato. ¿Cómo? Si bien la reforma no resuelve el problema de informalidad, sí mejora el tema de las garantías. La reforma tiene dos ejes clave: (1) Se hará más sencilla y expedita la reposición de garantías cuando los acreditados incurren en impago, mediante la creación de jueces y juzgados federales especializados en litigio bancario, además de hacer más sencillos varios procesos, como el de notificación; y (2) la banca de desarrollo otorgará más garantías a los bancos comerciales para poder ofrecer más crédito a las pequeñas y medianas empresas (Pymes).
 
 
Cabe destacar que Brasil llevó a cabo una reforma similar en el 2006 llamada alienação fiduciária y creo que ésta fue responsable de una muy buena parte del aumento de la penetración crediticia a cerca de 50 por ciento actual, de estar por debajo de 20 por ciento en el 2006. Utilizando datos de Brasil como ejemplo, con algunos ajustes y asumiendo tasas de crecimiento del PIB conservadoras, considero que en México podríamos ver un incremento de la penetración crediticia actual de 15 por ciento, a 20 por ciento para 2017 y a 40 por ciento para 2025. Adicionalmente, a diferencia de la reforma energética que requiere la elaboración, discusión y aprobación de leyes secundarias, la reforma financiera sólo necesita ser implementada (i.e. no necesita legislación secundaria), entonces podríamos ver algunos efectos positivos de esta reforma en el crecimiento de México tan pronto como este año.