Opinión

La reforma agrícola de Peña


 
Digámoslo con claridad: la reforma agropecuaria que propondrá el presidente Peña deberá incluir un componente específico para garantizar la seguridad alimentaria: la adopción total de organismos genéticamente modificados, conocidos como transgénicos. Así, tendrá que ser amigable con empresas que empujan la ciencia. ¿Cuáles? Monsanto, Syngenta, Bayer, DuPont y Dow.
 
 
El reto de Peña es doble: por un lado, separar mentalmente, en el ánimo colectivo, los conceptos de agricultor y campesino. El primero es un empresario; el segundo sobrevive con lo que cosecha y acaso logra negocio a escala pequeña. Pero son muy diferentes. Las baterías económicas deben enfocarse en el primer grupo: políticas de financiamiento, regulación avanzada, procuración de asociaciones internacionales, institucionalización… A su vez, el segundo grupo debe ser sujeto de las políticas sociales.
 
 
El segundo reto es que la reforma debe crear una industria agrícola ordenada, idealmente con empresas que puedan llegar a funcionar bajo los estándares de los mercados financieros globales.
 
Si terminamos el sexenio con un puñado robusto de estas empresas cotizando en las bolsas e intercambiando contratos en los mercados de Hong Kong, Londres o Chicago, la reforma habrá implicado un paso evolutivo enorme México.
 
El presidente habló de semillas mejoradas. Eso no podrá ser otra cosa que transgénicos, aunque es altamente probable que evite mencionar él mismo ese término, por la sensibilidad de grupos radicales que se oponen a la evolución genética de organismos vivos.
 
 
Por su parte, la industria está lista y más activa que nunca. Dow Agrosciences, por ejemplo, está de plácemes por la reciente conclusión del estudio de impacto ambiental que llevó a cabo el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, y que acerca la posibilidad de que comercialice pronto su maíz y frijol de soya de la marca “Enlist”. A su vez, Bayer CropScience recién publicó un documento que enfatiza la urgencia de subir a los pequeños agricultores a la ola de nuevas tecnologías, sobre todo porque la FAO alertó hace poco que la demanda de alimentos global se incrementará 70 por ciento de aquí al año 2050.
 
Así que no queda de otra: que vivan los transgénicos. 
 
Twitter: @SOYCarlosMota