Opinión

Recomposición del orden mundial: Rusia, China, Estados Unidos y UE

En los últimos tres meses ha ocurrido una crisis, detonada por los acontecimientos en Ucrania, que algunos observadores con visión limitada por los anteojos de los medios occidentales -y de los de Estados Unidos en particular- han buscado interpretar como: 1) renacimiento de la Guerra Fría, 2) el oso ruso vuelve a sus andadas expansionistas”, o 3) crisis regional euro-asiática.

La reciente reunión-diálogo del Centro Tepoztlán AC identificó estos eventos como algo más: una muestra evidente de la recomposición del orden mundial, en la cual Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China y otros países emergentes son actores importantes, con roles en transición.

Gracias a la presentación de Pierre Charasse -experimentado diplomático francés- y al agudo comentario de Leonardo Curzio -distinguido comunicólogo e internacionalista- quedó claro el papel renovado que Rusia está teniendo, política y económicamente en el mundo, tras dos décadas del colapso soviético; pero también sus implicaciones y límites en un escenario global complejo, en el cual recordó Charasse, están en juego intereses geopolíticos y estratégicos de China y otros países emergentes, que “ponen en jaque” las reglas que Estados Unidos y la Unión Europea han pretendido mantener después del fin del orden bipolar en “defensa de los valores universales”.

Quedó clara también –como lo subrayaron Charasse, Curzio y los participantes- la necesidad de evitar explicaciones binarias y simplistas de la crisis, que exige en cambio información de fuentes múltiples, memoria histórica y análisis frío de carácter geoestratégico.

Se advirtió del estancamiento y declive relativo de Estados Unidos y Europa, desde la crisis financiera y productiva de 2008; del ascenso chino, que en poco más de treinta años se convirtió en la segunda economía del planeta (y está a punto de ser la número uno, aunque con un per cápita todavía muy inferior)-; y del repunte del protagonismo ruso, a partir de sus reservas energéticas y su capacidad tecnológica, que desde 2008 le han dado poder y seguridad para sorprender a Occidente con su fulminante intervención en su frontera con Georgia y ahora en Crimea, territorio que desde la época de Catalina la Grande formó parte de su expansión geoestratégica euroasiática, a partir de su idiosincrasia eslava y su cristianismo ortodoxo.

Rusia -aseveró Charasse- no acepta más humillaciones de occidente. Hoy busca recuperar su esfera de influencia con un Estado fuerte, al lado del mercado. Los países occidentales “encuentran dificultades para mantener su posición hegemónica y su obligación de proteger”. Las intervenciones militares en Afganistán, Irak, Libia y Siria han mostrado sus límites, frente al potencial de Rusia para mediar y solucionar conflictos.

Curzio destacó que Rusia siempre ha buscado una vía rusa de desarrollo y que su apuesta política, muy audaz, basada en su riqueza energética, tiene sus límites, ya que se ha desindustrializado y cada vez más es un productor y exportador de materias primas, dependiente de insumos importados, con un PIB muy inferior al de China. Tiene desafíos sociales importantes, derivados de la caída y envejecimiento de su población, de su “capitalismo de cuates” y del bajo “poder suave” de su proyecto paneslavista, a diferencia del poder duro que ejerce.

Algo muy evidente del diálogo:


1) Las sanciones impuestas a Rusia son más simbólicas que efectivas por la dependencia energética europea y la interdependencia económica global. Importantes programas militares y espaciales occidentales y negocios de empresas serían afectados si se aplican las sanciones.

2) Los BRICS apoyan a Rusia, condenan las sanciones y aprovecharán su reunión de julio en Brasil para avanzar en la configuración del orden mundial, que ya no aguanta la hegemonía occidental del FMI y del Banco Mundial.

3) No hay unidad en la Unión Europea, que depende del gas ruso.

4) La crisis y las sanciones están logrando que cristalice el acercamiento entre China y Rusia que llevaba una década de promesas.

Los acuerdos del 20 y 21 de mayo en la Cumbre Ruso-China en Shanghái lo confirmaron. El acuerdo de abastecimiento de gas natural por parte de Rusia a China por 30 años es clave para la seguridad energética y económica de ambos países, una señal clara a la población china del interés de su gobierno por mejorar el medio ambiente y un triunfo frente a Occidente.

Según el China Daily (mayo 23), además del acuerdo por un monto de 400 billones de dolares entre CNPC y Gazprom, se firmaron otros cinco acuerdos importantes:

- Compra de gas licuado de CNPC a la rusa Novatek
- Construcción de la refinería Tianjin entre CNPC y Rosnet
- Planta hulera en Shanghái entre China Petrochemical y OAU Sibur
- Proyecto carbonífero entre el Grupo Shenghua y EnPlus de Rusia
- Nucleoeléctrica de Rosatom para la China Nuclear Power Tech.

Al mismo tiempo se anunciaron varios proyectos industriales, entre ellos la construcción por parte de la automotriz privada china Great Wall Motor Co. de una planta de 500 millones de dolares cerca de Moscú, que producirá 150 mil unidades anuales.

El autor es director del IIDSES-IBERO y exdirector general de la ONUDI.