Opinión

La realidad

 
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Trump

Una cosa es intentar ganar una elección prometiendo lo inalcanzable, y otra gobernar a partir de querer instrumentar medidas que son imposibles de poner en práctica desde el momento mismo en que la realidad es mucho más compleja que el discurso de cualquier político en campaña. Y cuando se trata de un demagogo como Donald Trump la problemática se agudiza de manera notable. Así, durante los primeros dos meses de la nueva presidencia norteamericana los desencuentros entre la propuesta de cambio y la realidad han convertido al gobierno populista en un mar de contradicciones imposibles de ser resueltas internamente, chocando constantemente con factores de poder desconocidos por la ignorancia de los nuevos habitantes de la Casa Blanca.

Desde los fallidos intentos por poner en marcha una política migratoria restrictiva para ciudadanos de diferentes países musulmanes, hasta su propuesta de echar abajo el sistema de salud conocido como obamacare, cada medida tomada ha encontrado resistencia no sólo de la oposición demócrata, lo que sería normal, sino también de republicanos de distinto tipo en función de la afectación de intereses que estos proyectos irracionales plantean. Es lo que comúnmente sucede a los gobiernos populistas, con la diferencia de que en modelos autoritarios la voluntad del caudillo se impone independientemente de las resistencias existentes. No es este el caso.

La llamada conexión rusa, que no es más que la estrecha vinculación vigente entre Trump y la oligarquía de ese país desde hace años en el ámbito de los negocios, llegó a la campaña electoral, y ahora a la esfera de poder de la Casa Blanca, generando una enorme desconfianza con respecto a si el presiente Trump actúa en función del interés nacional norteamericano, o más bien guiado por los estrechos lazos comerciales con distintos factores de poder político y económico asentados en Rusia. Lo que parece un guion de película de espionaje es hoy parte de la realidad informativa en la Unión Americana. La guerra desatada entre Trump y lo grandes medios de comunicación ha potencializado este conflicto.

Y es que prácticamente todas las grandes cadenas de televisión y los diarios más influyentes, los mismos que le dieron una enorme difusión a la campaña de Trump, hoy están alineados bajo la consigna de no dejar pasar ninguna de las falsas afirmaciones del presidente norteamericano en lo referente a cualquier tema, lo que ha obligado a la Casa Blanca a tener que rectificar una y otra vez y a moldear incomprensibles interpretaciones de mentiras francas emitidas sin pudor alguno por el primer mandatario.

El entusiasmo de los mercados bursátiles radica más en las expectativas de un crecimiento económico veloz producto de la inercia heredada de la administración Obama, aunado a las promesas de una reducción fiscal sustancial y un aumento del techo de la deuda, que de la certidumbre con respecto al posible éxito de los planes de gobierno de Donald Trump. Es algo así como el anuncio de un corta fiesta en donde hay que beber y comer rápidamente, antes de que el fin llegue cobrándonos los excesos y abusos cometidos. La guerra entre el gobierno de Trump y la Reserva Federal será tan sangrienta como la del Ejecutivo federal contra el Congreso, el Poder Judicial y los grandes medios masivos de comunicación.

Hoy Trump choca una y otra vez contra una realidad que hasta ahora ha logrado contenerlo en sus absurdas intenciones de retroceder la rueda de la historia en el país más poderoso del planeta. Pero nada garantiza que la resistencia se mantenga por los próximos cuatro años, a menos que Trump insista en seguir golpeando intereses tan poderosos que terminen uniéndose para deshacerse de él. La realidad no se equivoca.

Twitter: @ezshabot

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