Opinión

La real amenaza

1
 

 

Frontera México-Estados Unidos (Bloomberg)

Catedrático de la Universidad Anáhuac.

Nos preguntamos ¿cuál es la más significativa amenaza que enfrenta México a su seguridad nacional y de donde proviene?

Pudiera pensarse, superficialmente, en el crimen organizado o hasta en el terrorismo. Cierto es que durante más de una década hemos padecido elevados niveles de violencia atribuidos a los cárteles de la droga en amplias regiones del territorio, caracterizados por actos de tortura y crueldad como demostración de fuerza y sello de la casa, que no difieren mucho de la macabra propaganda que generan los grupos extremistas en Oriente Medio.

En cuanto al terrorismo, la vulnerabilidad, dada la posición política y diplomática mexicana, no se percibe más allá de la situación de vecindad geográfica que tenemos con quien se ha erigido como su gran enemigo.

No se aprecian factores económicos o sociales, a pesar de las recurrentes crisis en ambos campos, con la intensidad suficiente para constituir, por sí mismos, una verdadera amenaza a la seguridad nacional.

El incremento de la delincuencia de todo tipo, la acumulación de poder económico y de fuego de los cárteles del narcotráfico, la apropiación del control territorial en entidades completas, la libertad de acción para la expansión de sus mercados, la eficacia mimética de sus jefes, su capacidad de diversificación en actividades tanto ilícitas como aparentemente legales, no se explican si no se incorpora al análisis la reflexión sobre la generación paulatina y constante de las condiciones que lo han hecho posible.

Tampoco los problemas más sensibles que en lo político, lo económico y lo social afrontamos como nación, se entienden sin un componente que parece ser la fuente originaria de todos los males y que está presente en cualquier ámbito y en todos los niveles: la corrupción. A mayor nivel, mayor es su influjo y mayores sus perniciosos efectos.

La corrupción lo toca todo, explícita o implícitamente. Permea la política, la economía, las organizaciones sociales, la empresa, la educación, el deporte, los medios de comunicación… Voracidad, ambición, inmoralidad y decadencia favorecen su evolución, la alimentan cíclicamente y otorgan el ambiente ideal para todo tipo de crimen y de violencia, su éxito y expansión.

Ciertamente, la resistencia de la sociedad mexicana, ante lo cotidiano del fenómeno, parece haber desarrollado un alto nivel de tolerancia y en el peor de los casos de resignación, lo que potencia sus efectos y su nivel de amenaza.
La capacidad de defensa de un Estado ante cualquier antagonismo, de la magnitud que sea, se encuentra fundamentalmente en la solidez y cohesión de su sociedad y de sus instituciones, en la credibilidad de sus liderazgos, en su legitimidad y en la fortaleza de principios, valores e intereses comunes que hacen de un grupo humano una nación.

Luchar contra una amenaza externa, contra un enemigo poderoso, contra un invasor, puede despertar la conciencia nacional, unir contra el enemigo y cohesionar a la sociedad. Ejemplos tales nos brinda la historia patria. Pero cuando la real amenaza se encuentra en el seno mismo de nuestro carácter social y se asimila como algo natural, parte de la cultura, puede ser impensable, no ya ganar, sino simplemente emprender la batalla.

¿Cómo vencer al peor enemigo cuando está frente al espejo?

También te puede interesar

¿Políticamente correcto?

Visión Universitaria

De la sana distancia a la sana cercanía