Opinión

La ratonera

   
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Trump (Reuters)

La investigación que sigue Robert Mueller, como fiscal especial para el caso del involucramiento de Rusia en las elecciones de Estados Unidos, se ha ido acercando cada vez más al presidente Donald Trump.

Hace pocos días logró que Michael Flynn, quien fue nombrado por Trump como consejero de Seguridad Nacional, sólo para ser despedido pocos días después, aceptara haber mentido al FBI en declaraciones bajo juramento. Este reconocimiento de un delito no muy grave ha sido interpretado como un acuerdo con Mueller, que le ofrecería poco tiempo en la cárcel a cambio de información que permitiera alcanzar a otros personajes en un nivel más alto.

Puesto que ya se ha procesado a Paul Manafort, el primer coordinador de campaña de Trump, hay muy pocos nombres que podrían estar en la mira de Mueller, y todos ellos son de la familia del presidente. Flynn ha reconocido haber llegado a acuerdos con los rusos bajo órdenes superiores, que todo indica serían del yerno de Trump, Jared Kushner. Pero también aparecieron declaraciones esta semana de una abogada rusa involucrada en este asunto, que ponen al hijo mayor de Trump, Donald Jr., en una posición similar.

Ya sólo queda Trump mismo, y la noticia de que Mueller habría solicitado información financiera a Deutsche Bank parece el hilo faltante. Donald Trump había asegurado que cualquier investigación sobre sus finanzas estaba “fuera de límites”, como dicen allá, pero Mueller parece haber roto con esa frontera. Es conveniente recordar que los que conocen a Trump de cerca, y los que lo han seguido durante años, han afirmado que Trump estaba prácticamente quebrado al inicio de este siglo, y que su recuperación fue milagrosa. Los santos de los milagros parecen haber sido oligarcas rusos, que desde entonces tendrían control sobre él.

Sin embargo, justo en estos días, cuando la investigación apunta a demostrar que Donald Trump llegó a la presidencia con ayuda de un gobierno extranjero hostil, el presidente de Estados Unidos está a punto de lograr su primer éxito: la reforma fiscal. Fuera de eso, ha logrado muy poco, aunque sigue presionando en diversas direcciones. Su bloqueo a la entrada de personas de siete países musulmanes a Estados Unidos finalmente fue aceptado por la Corte, con restricciones; su intento de terminar con el TLCAN sigue; la necedad del muro, lo mismo. Pero la reforma fiscal sí puede alcanzarse, y puesto que reduce impuestos a todos, será bienvenida. No está claro si los contribuyentes se darán cuenta de ello a tiempo para salvarlo. Por el momento, sigue en el piso en cuestión de popularidad.

Por sus características personales, Donald Trump es en este momento alguien muy peligroso. Todo indica que no va a meterse con el TLCAN en estas semanas finales del año, pero está jugando con la posibilidad de guerra con Corea del Norte, y está provocando todavía más caos en Medio Oriente, con el anuncio de que reconocería a Jerusalén como capital de Israel, moviendo allá su embajada. Horas después, dijo que habría una mora de seis meses para esa decisión, pero creo que el daño ya está hecho. La situación en esa región del mundo es de verdad complicada, como para anunciar una decisión que en 70 años no se había tomado.

Sigo pensando que Donald Trump es un gran peligro para EU y, por el tamaño de ese país, para el mundo entero. Nosotros nos fijamos en lo que directamente nos atañe, pero en el mediano plazo, me parece, su impacto puede ser de verdad grave. No podemos hacer nada nosotros ni nadie más en el mundo. Sólo los estadounidenses pueden corregir su error. Mientras más tarden, más caro será.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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