Opinión

La protesta de los médicos

En días pasados los medios han dado cuenta de una protesta realizada por grupos de médicos en distintas ciudades del país. Para las dimensiones que un movimiento de esta naturaleza puede llegar a tener, parece aún incipiente. Es cierto, bien puede suceder que por una u otra causa ahí quede y pronto se disuelva. Pero también puede ocurrir que adquiera dimensiones impensables y se convierta en un problema grave (que de suyo lo es), inmanejable y de consecuencias imprevisibles. Uno más, por si el país no tuviera ya suficientes.

Antes de seguir adelante procede recordar, porque luego no se tiene memoria de las cosas, que hacia mediados de los años 90 se vivió en una entidad del sureste una situación similar a la que ahora se tiene en Jalisco. Se dictaron órdenes de aprehensión contra algunos médicos, que al tratar de hacerse efectivas provocaron que el gremio reaccionara fuerte.

Con el problema literalmente encima y apenas justo antes de que hiciera crisis, se encontró una rápida solución, si así se le puede llamar, más o menos eficaz para salir del paso, pero meramente paliativa. Como las aguas se tranquilizaron, el tema se fue al olvido. El hecho es que desde entonces absolutamente nada se ha avanzado para desmontar esa bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar.

Como se recordará, se dictó entonces un acuerdo presidencial de escasamente una docena de artículos, mediante el cual se creó un órgano desconcentrado del sector salud para tratar de resolver, siempre que las partes estén de acuerdo, por la vía de la conciliación y el arbitraje, los problemas que se deriven de la prestación de servicios médicos.

Han transcurrido desde entonces prácticamente dos décadas y el marco jurídico aplicable es exactamente el mismo. Sigue sin haber en esta materia una ley dictada por el Congreso. Bueno, aunque parezca increíble, continúan sin definirse con claridad los ámbitos de atribuciones entre Federación y estados en esta materia.

La mala práctica médica existe, no es un mito ni invención de alguien. La Joint Commission de Estados Unidos, hace ya más de una década, luego de analizar con detenimiento y cuidado el problema en ese país, llegó a la conclusión de que alrededor de cien mil norteamericanos mueren cada año por causa del error médico. La impericia, la negligencia, lo que en México se llaman “fallas institucionales” (y aun el dolo, que de entrada no puede descartarse como propone un sector de los médicos) pueden deteriorar aún más la salud del paciente y hasta causarle la muerte.

Un sector de los profesionales de la medicina está plenamente consciente de que es necesaria una adecuada legislación, que obviamente hoy no se tiene, para atender este gravísimo problema. Y además complejo, entre otras razones por el deterioro y enormes deficiencias de todo tipo que registran las instituciones del sector salud, a cuyos servicios acude la inmensa mayoría de la población. Pero hay un sector de ese gremio, radicalizado en extremo, que sin oír razones se opone tajantemente a esa posibilidad.

El tema se ha explorado desde hace años y sobre el mismo se han formulado propuestas jurídica y técnicamente viables y pertinentes. Pero infortunadamente han encontrado un generalizado desinterés, o bien abierta oposición de un pequeño grupo. Hasta que el problema –que ya existe– estalle, se abordará con precipitación y seguramente mal. El tema da para más, pero no el espacio, por ahora.