Opinión

La propuesta de Manlio

  
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Manlio, Cuáutemoc y Beltrones

Le comentaba ayer el potencial escenario para la elección de 2018. Habrá entre cuatro y seis grupos con posibilidades reales, que pueden impedir la 'segunda vuelta adelantada' que tuvimos en las tres últimas elecciones, y dar como resultado un grupo triunfador con menos de 30 por ciento del voto. Con eso, tendríamos un Congreso totalmente disperso, que no ayudaría a la gobernabilidad. Y ya ve que eso se nos está erosionando a gran velocidad.

Manlio Fabio Beltrones ha hecho una propuesta que merece atención. Si entendí bien, la idea es que si un candidato presidencial gana con menos de 42 por ciento, tenga la obligación de construir gobierno como si fuese un sistema parlamentario. Para ello, tendría unos pocos días a partir de la instalación del Congreso (1 de septiembre), aunque antecede a ello un periodo de tres meses que de manera informal puede servir para las negociaciones. Si este candidato (o candidata), no lograra conformar gobierno en ese lapso, habría entonces una segunda vuelta.

La propuesta intenta darle la vuelta a la negativa tajante del PRI a una segunda vuelta tradicional. La preocupación de ese partido es que la oposición se agrupe en su contra, debido a las muchas décadas en que sólo ellos gobernaban. Tendrían, con esta propuesta, una oportunidad de impedir esa segunda vuelta si logran conformar un gobierno en alianza con algún otro grupo. Pero esa alianza no sería virtual o informal, como el Pacto por México, sino estructural, porque el gabinete, en la propuesta de Beltrones, tendría que ser aprobado por el Congreso casi en su totalidad (con la excepción de Fuerzas Armadas).

La propuesta tiene virtudes: hay una puerta de salida a una crisis potencial, que puede o no ser utilizada. Si alguien ganase con claridad, pues ya estuvo. Pero si no existe esa claridad en la elección, puede construirse en la negociación, y si ésta fracasa, sólo entonces se aplica el 'desempate' entre los dos primeros lugares de la elección inicial. Una segunda virtud es que es algo que el PRI podría aceptar, precisamente porque tiene la posibilidad de no ocuparla. Imagine esa regla en 2012, cuando Peña Nieto obtuvo 38 por ciento del voto en la alianza PRI-Verde. Para conformar gobierno habría necesitado negociar, pero claramente podría haberlo hecho con el PAN, para impedir el posible triunfo de López Obrador, e incluso con una fracción del PRD (como ocurrió en el Pacto por México, que así se deshizo del caudillo).

Hay detalles que desconozco, y que posiblemente no estén terminados. Por ejemplo, el tiempo entre la elección y la toma de posesión es larguísimo. Vea cómo en Estados Unidos, donde son menos de tres meses, la incertidumbre está causando estragos. Es posible que en México debiéramos reducir ese lapso. En contra, está la judicialización electoral, que obliga a tener tiempos largos para desahogar los recursos de los perdedores, que abundan. Otro asunto pendiente de aclarar es cómo resolver en caso de que el candidato organice su gobierno de coalición, y después intente ahorcar a los partidos con los que negoció.

En los sistemas parlamentarios esto lleva a un voto de confianza o a la caída del gobierno. Tal vez acá debería considerarse la posibilidad de que el Congreso pueda, en ese caso, convocar a una votación para refrendar el mandato del presidente o, en su caso, sustituirlo. Son detalles que hay que cuidar.

No estaría mal aprovechar el momento para darle claramente al Senado la potestad de aplicar ese mismo paso con los gobernadores, de forma que se debiliten lo suficiente como para poderlos equilibrar con la combinación del Congreso local y el Sistema Nacional Anticorrupción. Digo, ya que andamos en propuestas.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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