Opinión

La Profeco y el (carísimo) kilo de tortilla


 
Luego de las sonoras apariciones del procurador federal del Consumidor, Alfredo Castillo, por los episodios que él mismo detonó cuando multó hoteles y cerró comercios en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México —entre otras acciones justicieras—, la Profeco entró en una etapa de mayor sensatez, con mano firme y menos alaridos.
 
Así, durante noviembre ha firmado un convenio con Walmart para impulsar prácticas adecuadas de comercio; clausuró comercios que se pasaron de listos durante el Día de Muertos; y se ha dado tiempo para inmovilizar pescado sin espinas que carecían de información del importador.
 
 
Pero lo que no ha ocurrido en las últimas semanas es que esta instancia, que defiende los intereses del consumidor, haya estimado lo que tendría que ser el nuevo precio del kilogramo de tortilla de maíz, a partir de la estrepitosa caída en los precios internacionales de ese grano. Veamos.
 
 
El precio de la tonelada métrica de maíz amarillo estadounidense se situaba arriba de los 295 dólares en junio pasado. Para agosto dos grandes desplomes se habían experimentado, gracias a una temporada de lluvias provechosa que dejó la tonelada en menos de 235 dólares. La caída no terminó ahí, y en octubre se acumulaban caídas adicionales que dejaban la tonelada en 201 dólares. El viernes la tonelada se cotizó en 199 dólares. Y sigue bajando.
 
 
Cuando en 2006 le estalló a Felipe Calderón la crisis de la tortilla, el precio por kilogramo se disparó desde los seis pesos hasta los 11 o 12 pesos. En algunas regiones del país llegó a más de 15, y toda la sociedad prendió focos de alarma. Se dijo en ese momento que el problema eran sequías, los precios internacionales disparados y la producción de etanol utilizando ese insumo. La Profeco actuó en consecuencia.
 
 
Pero ahora que el precio del kilo de tortilla debería haber bajado y mostrado patrones de descenso profundo y constante, la Profeco está callada, como si el kilogramo a 11 pesos fuera cosa normal y no tuviera que haber ajuste a pesar de la sobreproducción global. Los consumidores, ignorantes del funcionamiento de los mercados internacionales de commodities, ni opinan: no saben que podrían estar comprando kilos 20 o 30 por ciento más baratos.
 
 
Twitter: @SOYCarlosMota