Opinión

La prioridad
no es la sucesión

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Enrique Peña Nieto. (ilustración)

Medir los cambios en el gabinete presidencial sólo con la vara de la sucesión presidencial es muy seductor, pero se trata de una equivocación.

Desde luego que las modificaciones en el gabinete ponen a nuevos rostros como posibles candidatos del PRI a la presidencia, pero no puede ser, ni con mucho, el objetivo fundamental de lo anunciado el jueves.

Peña Nieto dio un giro a la forma en que había venido gobernando al país en los tres primeros años.

La nueva realidad y la flaqueza (metáfora) de algunos miembros del gabinete, como Chuayffet, Martínez y Martínez y Murillo, lo hicieron cambiar de guardia rumbo a la segunda mitad de su mandato.

El gran aviso de que venía un cambio en la forma de tomar decisiones fue con el nombramiento de Manlio Fabio Beltrones al frente del PRI.

Peña Nieto no le pidió su opinión a Videgaray para traer a Manlio a dirigir el PRI, ni le indicó al sonorense que se descartara para la sucesión.

No son tiempos de precandidaturas, sino de componer la desgastada imagen del gobierno y hacer frente a los nuevos retos.

Vivimos una tormenta financiera interna y externa, y el secretario de Hacienda tiene que ocuparse de lo suyo al cien por ciento, y no pensar en decisiones ajenas a su ámbito de competencia.

Si Aurelio Nuño fue llamado a la Secretaría de Educación Pública no es porque la prioridad del presidente sea hacerlo candidato presidencial, sino porque debe poner en marcha una reforma educativa de la cual Chuayffet fue un espectador.

Desde la SEP hay que recomponer la relación con intelectuales, escritores, cineastas, músicos, a los que no se prestó ninguna atención en la primera mitad del sexenio.

En Desarrollo Social hay que darle eficacia al gasto público y por eso Peña Nieto puso a Meade. No podemos seguir sumando pobres en la medida que se incrementa el gasto social.

Meade no es militante del PRI, por tanto en ese cambio no existe aliento sucesorio. La prioridad para Peña es salvar su gobierno.

En la Secretaría de Desarrollo Agrario, Urbano y Territorial (Sedatu) hay un vacío desde su nacimiento, acompañado de corrupción y dispersión del mando. El presidente piensa que esa situación la va a subsanar Rosario Robles y se la juega con ella.

Si Robles lo hace bien, tal vez le dé para ser candidata de un amplio abanico de fuerzas en el DF dentro de tres años, pero la prioridad es poner orden en el caos y frenar la corrupción.

Así podemos seguir con Agricultura. Y con los motivos para designar a Claudia Ruiz Massieu, funcionaria eficaz y política pura, en tiempos electorales en Estados Unidos y de auge de la ultraderecha en ese país.

Desde luego hay un ingrediente sucesorio en todo esto, pero no es ni con mucho lo primordial: Peña Nieto ha cambiado de guardia para gobernar distinto, acorde con un nuevo escenario.

Twitter: @PabloHiriart

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