Opinión

La princesa Alayban y su sirvienta keniana


 
 
¿Todavía existe la esclavitud?
 
 
La respuesta es claro que sí, en Arabia Saudita y donde quiera que el medio millón de nobles del reino desértico posean mansiones y propiedades en las que puedan reproducir sus costumbres medievales. El último ejemplo de lo anterior se registró hace una semana en Santa Ana, en el rico condado sureño de Orange, California, luego del arresto de la princesa Mishael el Alayban, acusada por su sirvienta keniana de retenerla contra su voluntad, despojarla de su pasaporte y pagarle menos de lo acordado, al cabo de horas extenuantes de trabajo.
 
 
El Alayban, una de las seis esposas del príncipe Abdulrahman ben Nasser ben Abdulaziz el Saud, podría enfrentar una sentencia de doce años de cárcel si es encontrada culpable de los cargos citados, pues engañó a su víctima, desesperada por ganar dinero para pagar los gastos médicos de su hija de 7 años enferma. Para ello, firmó un 'contrato' de 2 años con una empresa de colocaciones que le prometió un sueldo de 1,600 dólares al mes, con 8 horas diarias de trabajo cinco días a la semana, que en realidad se convirtieron en 220 dólares por 16 horas diarias de labor, sin ningún día de descanso.
 
 
Obligada a acompañar a la familia en sus vacaciones por Estados Unidos, al fin la mujer pudo librarse del yugo, abordando un autobús público en Irvine, donde relató a otro pasajero su historia, explican Examiner y Al-Monitor. En Santa Ana, la corte impuso una fianza a El Alayban de 5 millones de dólares, requisó su pasaporte y le ordenó portar un dispositivo GPS para asegurarse de que no escapará, aunque su abogado argumenta que todo se debe a una mera 'disputa contraactual', por lo que El Alayban, quien también tiene a su servicio cuatro filipinas en su lujoso condominio, “no debió recibir esa fianza, semejante a un rescate sólo porque es rica”.
 
 
Moda Sin embargo, el problema de fondo es el mal uso de la riqueza. Si apenas en 1962 El Riad abolió la esclavitud por una rara presión de Washington, para los años setenta el auge petrolero convirtió en moda la importación de sirvientas africanas y, todavía mejor, asiáticas angloparlantes y musulmanas.
 
 
En Arabia Saudí las mujeres, que aún son lapidadas por 'brujería' y tienen prohíbido manejar, sólo componen 15% de la fuerza laboral, pero presumen su nivel social en base al número de personas bajo sus órdenes, igual que en las demás monarquías del Golfo Pérsico.
 
 
Ante la ola de abusos y los frecuentes suicidios de trabajadoras extranjeras que se reportan en el país (hay en total 1 millón), el gobierno anunció cambios en las relaciones patronales.
 
 
 
Lo cierto es que la ciudadanía para los sauditas sólo significa el derecho al consumismo, en el que la empleada doméstica es otro objeto que puede comprarse.