Opinión

La presión fiscal más importante


 
Esta semana se celebra el Día Mundial de la Población, precisamente mañana.
 
Y uno de los cambios más importantes en México y el mundo es el aumento de la esperanza de vida al nacer.
 
Ese cambio es determinante de la problemática de los sistemas de pensión hoy y será crucial para el futuro de las finanzas públicas.
 
Pero veamos algunos datos para entender la relevancia del tema.
 
Apenas en 1970, cuando en México terminaba el desarrollo estabilizador, la esperanza de vida era de 60.9 años.
 
Esto quiere decir que los esquemas de retiro de los llamados 'de reparto', que pensionan a la gente al llegar a los 65 años, gastaban poco porque era sólo un pequeño porcentaje de la población aseguraba el que superaba esa edad.
 
Igualmente, los sistemas como el del ISSSTE o el de los propios trabajadores del IMSS, en donde la gente se retiraba a los 55 o menos años, también financiaban pocos años a quienes se retiraban con su pensión.
 
Para el año 2000, la esperanza de vida había aumentado 10.5 años y ya estaba en 71.4 años y en este 2013 se ubicaba en 74.5 años.
 
Todavía hay casos en los que la gente se retira de instituciones públicas en una edad inferior a los 60 años, lo que implica que en la actualidad el periodo en el que se tienen que pagar pensiones haya aumentado a 15 años o más.
 
Pero este no es el único cambio. Mientras en el pasado había una gran cantidad de personas en activo por cada jubilado, hoy la proporción ha bajado considerablemente.
 
Y hay otro agravante más. En la medida que la gente vive, en los patrones de morbilidad en la población de la tercera edad predominan las enfermedades crónico-degenerativas, cuyo tratamiento es mucho más largo y costoso.
 
Es decir, aumenta el costo de pagar pensiones; de cubrir los servicios de salud para los adultos mayores, y bajó la proporción de la población que contribuye a financiar pensiones y seguridad social.
 
Los cambios en esta estructura demográfica no sólo son localizados en México sino en prácticamente todo el mundo. Uno de los países con mayor esperanza de vida es Japón, con 83 años promedio en la actualidad.
 
De hecho, se considera que en algunos países desarrollados, en segmentos de altos ingresos, ya están naciendo niños cuya esperanza de vida se ubica por arriba de los 90 años.
 
Cuando en México discutimos sobre la reforma fiscal, a veces pensamos sólo en el corto plazo. Sin embargo, si visualizamos una a 2 décadas hacia adelante, es imposible no reparar en la presión financiera que implica el cambio demográfico que vivimos.
 
Imagine lo que significa ese hecho combinado con la pérdida de ingresos fiscales por efecto de la caída en la producción de crudo. Hay una bomba de tiempo fiscal que se incuba.
 
No sabemos cuándo pueda estallar pero igual que la tendencia demográfica es irreversible, también lo es esa presión fiscal.
 
También es cierto que la bomba no va a estallar en el curso de esta administración, lo que puede generar el incentivo de posponer decisiones.
 
Sin embargo si se están haciendo reformas que incidan en el potencial de crecimiento del país en el mediano y largo plazos, será crucial que en esta administración se realicen los cambios de fondo en los sistemas de retiro, como el aumento en la edad de jubilación, los incrementos en las aportaciones por parte de los trabajadores y empresas cuando sea posible o parte del gobierno cuando no lo sea, así como la reforma de los sistemas de salud para conseguir que más eficaz cobertura.
 
Cuando se aprecia este cuadro se entiende mejor la necesidad de una reforma fiscal. Sin embargo, sin cambios de fondo en los sistemas de pensión no habrá ajuste fiscal que sea suficiente.
 
No le extrañe que pronto veamos los 70 como edad de retiro.
 
 
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