Opinión

La presión es un privilegio

 
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El otro día alguien me preguntó cómo manejo la presión. Sin pensar en mi respuesta, dije que la presión es un privilegio, lo cual es una forma grandiosa de pensar positiva y proactivamente respecto de cualquier desafío.

Posteriormente medité sobre la frase “la presión es un privilegio” para descubrir qué chispa brillante la había acuñado. Resultó bastante adecuado ya que es el título de un libro de la legendaria tenista Billie Jean King. Con 39 títulos de Grand Slam en su haber, incluidos 12 triunfos en singles, ¡King ciertamente sabe una o dos cosas sobre el manejo de la presión!

Recientemente fui anfitrión de la competencia de tenis Copa Necker de este año en la isla Necker, durante la cual aficionados juegan contra las principales estrellas y leyendas del tenis mundial, incluidas Tracy Austin, Martina Navratilova y Marion Bartoli. Para aquellos de nosotros que amamos jugar tenis pero nunca dimos el ancho como profesionales, la Copa Necker es una oportunidad única de probar nuestro temple contra lo mejor del deporte (además de que todas las ganancias se destinan a apoyar buenas causas como Virgin Unite).

Incluso en medio de la atmósfera divertida y amistosa de la Copa Necker, se puede sentir la presión de desempeñarse bien. Después de todo, ¿quién no estaría al menos un poco tenso cuando se prepara para lanzar un servicio a Novak Djokovic o de ser pareja de Rafael Nadal?

Aprender a aprovechar los aspectos positivos de la presión es una habilidad valiosa en el tenis y en la vida diaria. Cuando enfrentamos escenarios y situaciones emocionantes, manejar el estrés que traen consigo puede llevarnos a estar más alertas, animados y atentos. Puede ayudar a mejorar nuestro desempeño. Y recuerda: cuando es mucho lo que está en juego, las recompensas son más grandes y la travesía es más disfrutable.

Aprendí a desempeñarme bajo presión mientras hacía frente a algo que me ha causado mucho estrés y ansiedad a lo largo de los años: los compromisos como orador. En estos días, pronuncio discursos y asisto a eventos en todo el mundo, sin embargo, empecé como un orador público muy nervioso. Pasé apuros con ello desde la primera vez que un maestro me dijo que me parara frente a mis compañeros de clase en la Escuela Stowe y recitara un poema. Siendo disléxico, realmente me las veía difíciles cada vez que tenía que hacer esto. Lo que es más, nuestro profesor acostumbraba hacer sonar un gong siempre que hacíamos una pausa demasiado larga o cometíamos un error, y entonces nos veíamos obligados a abandonar el escenario en medio de un coro de abucheos y burlas. El gong me sacaba del escenario con deprimente regularidad.

En vez de renunciar a hablar en público, eventualmente aprendí a convertir la intensa presión que sentía de hacerlo bien en energía positiva. Como no soy muy dotado en la lectura de discursos formales, trato la ocasión como una conversación informal, en lo cual soy bueno.

Hoy, puedo compartir felizmente mis pensamientos con las audiencias manejando los discursos y las apariciones públicas como una gran discusión, ya sea que esté en una sala con dos personas o con 20 mil.

Por supuesto, sigo sintiéndome nervioso cuando estoy sobre el escenario y sigo tartamudeando una o dos palabras, e incluso olvido mis líneas algunas veces, pero, en tanto recuerde que es una conversación en vez de una actuación y trate de divertirme, las cosas regularmente salen bien. En estos días, me encanta presionarme para mantener a la multitud interesada, ya que ayuda a mantener altos mis estándares.

Dicho esto, existe la presión excesiva. Uno necesita equilibrar los periodos de alta presión con abundante tiempo de descanso, reflexión y recuperación, o de otro modo no podrá desconectarse y adquirir perspectiva. Esto es en parte la razón de que el equilibrio entre el trabajo y la vida personal y el pasar tiempo lejos de la oficina sean tan importantes.

En el mundo de los negocios, la presión puede provenir de muchas direcciones diferentes a la vez. Quizá repentinamente necesites ofrecer una presentación con mucho en juego, un proveedor no cumpla con su parte del trato o un empleado no esté a la altura de las expectativas; cualquiera que sea la situación, pudieras encontrarte de pronto encogiéndote bajo el estrés, en vez de prosperando bajo la presión.

Pero si te tomas un momento para hacer conciencia y reconocer que la presión puede ser, realmente, un privilegio, pudieras ser capaz de manejar los resultados en una forma más inteligente.

La única manera de mejorar en el tenis es practicando, una y otra vez. Entre más veces realices un servicio, más técnicamente diestro te volverás. Lo más importante es que cobrarás mayor confianza. Lo mismo puede decirse del prosperar bajo presión como emprendedor. La práctica hace a la perfección, o, como dijo una vez Billie Jean King, “los campeones siguen jugando hasta que lo hacen bien”.

Twitter: @richardbranson

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