Opinión

La precampaña de Miguel Mancera

 
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Miguel Ángel Mancera

De un tiempo acá, el jefe de Gobierno realiza tareas que son de su competencia y otras que corresponden a instancias que no son las suyas; sirva de ejemplo para iniciar y más tarde tratar de conducir debates sobre el aumento al salario mínimo. ¿No corresponde eso al secretario del Trabajo? El Reglamento de Tránsito que sí es de su incumbencia tiene algunos propósitos positivos y otros como son permitir y hasta crear nuevos topes que, en voz de investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera, el reducir la velocidad en avenidas a 50 km por hora y en el periférico a sólo 80 eleva los niveles de contaminación. Y por supuesto, auspiciar que automóviles añosos que tenían límites en días y horarios para circular, han vuelto a transitar todos los días. Las fotomultas instrumentadas han visto ya la utilidad que prestan para la recaudación que primeramente beneficia a la compañía contratista y en segundo término a las autoridades. El promedio de velocidad es de tan sólo 17 km la hora. La vialidad en la ciudad capital es un infierno.

Modificar el horario laboral para beneficiar a trabajadoras del gobierno del DF y permitirles con ello convivir más familiarmente al mismo tiempo que ampliar el espacio de maternidad a más de cuatro meses habla bien de su gestión. A todo ello se oponen en abierto contraste las recientes obras en Polanco que, lejos de beneficiar la vialidad, se ha vuelto un atasco permanente tanto para los habitantes de ese lugar como a quienes tienen obligadamente que transitar por sus calles y avenidas.

El tan mentado cambio de Distrito Federal a Ciudad de México con las consecuencias de inaugurar 16 alcaldías en lugar de las correspondientes delegaciones, así como crear una Asamblea Constituyente que ofrezca una constitución, cambiar placas, permisos, actas y toda la papelería, además de gastos inútiles, ¿eso a quién beneficia?

La población espera una Policía eficiente, calles limpias, nuevos mercados, escuelas y hospitales. No hay más que abrir los ojos para ver y sentir los hoyancos, las coladeras abiertas y los promontorios de cascajo olvidado por doquier. De policías y ministerios públicos ni hablar. No están para servir, no saben lo que eso significa. Pareciera que su meta es delinquir como lo prueban los numerosos casos de ilegalidad y hasta de crímenes en que se ven involucrados.

¿Qué tan malo era vivir bajo el acrónimo del DF y qué ganamos con el cambio a Ciudad de México; no conocíamos así a la capital desde siempre? Por supuesto, en el eje de todo esto se encuentra la figura de don Miguel Ángel Mancera. Y lo que es sorprendente, es el tratar de decidir en qué y cómo se ocuparán las 710 hectáreas cuando el actual Aeropuerto Internacional cambie de domicilio. Afirma el doctor en derecho que “esos terrenos fueron destinados a un fin federal, pero son una concesión de la ciudad (¿o del DF?)”. Y el pasado 2 de marzo, el jefe de Gobierno aseguró que la ciudad tiene facultades para decidir qué se va hacer en ese espacio que se convertirá en reserva territorial. Salomón Chertorivski, secretario de Desarrollo Económico del DF, aseguró el pasado lunes “que no buscan tener un litigio con la federación a la que le atribuye la propiedad, pero eso está acotado y restringido por los planes de desarrollo urbano de la ciudad”.

El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, argumenta que “es un terreno propiedad del gobierno federal desde hace 60 años y como tal tomará una decisión coordinadamente con el gobierno de la ciudad y ese momento será dentro de siete, ocho o nueve años cuando le toque a otro gobierno y quizás ni siquiera al próximo, sino hasta el otro cuando se dé la determinación”.

Luego entonces, el alegato del señor Mancera es inoportuno y estéril, pero eso sí, le sirve para que los reflectores apunten y resalten su persona ya que, en algunas encuestas, se le ubica como posible abanderado del PRD o como candidato presidencial independiente.

Twitter: @RaulCremoux

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