Opinión

La práctica de los dobles estándares en las crisis humanitarias

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Un grupo de migrantes de Hungría antes de cruzar ilegalmente la frontera con Siria. (AP)

La guerra civil en Siria y en otros países afectados por conflictos armados ha provocado la afluencia hacia la Unión Europea (UE) de más de un millón de refugiados desde enero de 2015. Hay casi cinco millones de refugiados sirios en países vecinos, principalmente en Turquía, Líbano y Jordania, de los cuales casi 20 por ciento son niños menores de seis años. La situación de los menores es dramática: Save the Children ha señalado que uno de cada cuatro solicitantes de asilo en Europa es un niño (la cifra del mes pasado era de 800 al día).

La ACNUR estima que 90 por ciento de quienes llegan por mar a las islas griegas huyen de países en guerra. Serían, pues, candidatos naturales a recibir estatus de refugiados. Sin embargo, no ha sido así. Los países fronterizos de la UE, como Grecia, han sido incapaces de atender al número creciente de migrantes y se corre el riesgo de que no evalúen con detenimiento las solicitudes de asilo.

Frente a esta situación apremiante, la respuesta de la UE ha sido inconsistente, por decir lo menos. El mes pasado los 28 países miembros de la Unión Europea y Turquía suscribieron en Bruselas un acuerdo migratorio para impedir que aumentara el flujo de refugiados. La UE se comprometió a aceptar a un solicitante de asilo en su territorio por cada refugiado que haya llegado de manera clandestina a Grecia y que readmita Turquía en su territorio. A cambio, recibirá ayuda financiera, reanudará las negociaciones para entrar a la UE y se podría quitar [el requisito de] la visa a los ciudadanos turcos que viajan a países de la UE. El gobierno de Turquía ha usado de manera astuta a los refugiados como  moneda de cambio para avanzar sus intereses en Europa.

Estas negociaciones han sido criticadas severamente por ONG de derechos humanos. Human Rights Watch ha señalado que la Unión Europea ha trasladado la responsabilidad a países fuera de la comunidad. Los gobiernos de la UE, que critican la democracia y los derechos humanos en otros países, han eludido las responsabilidades a las que los obliga el derecho humanitario. Enviar a personas sin analizar sus solicitudes de asilo, a un país donde no tienen derecho a la protección internacional, es ilegal bajo los términos de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

La crisis humanitaria en Europa no es un acontecimiento aislado. Preocupa que los dobles raseros sean aceptables para tratar los desplazamientos de migrantes y refugiados. En Estados Unidos, la Ley de Ajuste Cubano de 1966 y la política de “pies secos, pies mojados”, han garantizado el refugio y el permiso de residencia (green card) de manera casi automática a los cubanos que entran por tierra. No así a los que intentan llegar por mar, a quienes se deporta automáticamente. ¿Unos cubanos 'valen' más que los otros?

Esta política no tiene fundamentos. Estados Unidos, por razones ideológicas o por políticas electorales, otorga un trato diferenciado a los migrantes cubanos. También ignora la emergencia humanitaria en varios países centroamericanos, que enfrentan violencia y padecen la sequía. El ejemplo más dramático es el caso de los menores de edad no acompañados centroamericanos que intentan cruzar la frontera con Estados Unidos. Los niños salen de sus lugares de origen por motivos de inseguridad o para reunirse con sus padres, y encuentran vejaciones en su camino: extorsión, trata de grupos criminales, violaciones y hacinamiento en centros de detención. El gobierno estadounidense ha deportado a estos niños, sin velar por la aplicación del debido proceso o sin considerar su interés superior, pues es muy probable que cuando regresen a sus países serán amenazados de muerte por las pandillas o reclutados por el crimen organizado. De nuevo la incongruencia, los cubanos que llegan a EU son recibidos a pesar de no estar en peligro de muerte, sin embargo niños centroamericanos son deportados masivamente. ¿Estándares diferentes según la nacionalidad y clima político-electoral?

Este gesto, como el de los refugiados sirios en Europa, muestra una solidaridad selectiva, 'a medias'. Los países que atraen a los migrantes deberían garantizar, sobre todas las cosas, condiciones seguras –rutas legales, en vez de otras donde hay mayores peligros– y criterios de bienestar de las personas como la reunificación familiar.

En el futuro los movimientos de personas serán más grandes, más recurrentes y tendrán más agravantes. La migración no es un asunto que pueda manejarse sólo con cálculos fríos. Implica también un compromiso firme con los valores que tradicionalmente se ufanan en defender los países occidentales.

​Twitter: @lourdesaranda

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